Posteado por: Rafa Caro | 5 marzo 2012

EL BOYAR-DORNAJO. Cecilio “el Jefe”

A las nueve, hora moruga, nos reunimos en Ifeca Mª José, Julio, Carmina, Raquel, Felisa, Rosa y el ex-jefe, es decir yo mismo. Como se verá una gran mayoría del sexo femenino, que a lo que se ve es el sexo fuerte también en nuestro grupo. ¿Dónde quedan los esforzados caballeros?
En el coche de Raquel se subieron también Rosa, Carmina y Felisa, mientras en el de Julio lo hicimos Mª José y yo mismo. Al llegar a El Bosque, las mujeres, bajaban comentando lo felices que habían venido charlando de sus intimidades ( tallas de ropa interior incluidas) sin que ningún “cotilla impertinente” pusiera la oreja para enterarse de sus cosas.
En el desayuno Felisa se encargó de tomar nota y llegado el turno de Carmina (cortito de café pero con la leche templadita), ya estaba presentando la dimisión, cosa que no le consentimos. Eso sí asedguró que era la última vez.
Camino del Boyar, a pie de carretera, nos dimos de bruces con dos corzos que parecían algo despistados, un poco más arriba otros dos, lástima que el momento sea tan breve.
Una vez aparcados en el Boyar, contemplamos el amplio y bello paisaje y comenzamos nuestra caminata. La primera subida la hicimos muy tranquilos, admirando los inmensos “roquedales” del la Sierra del Pinar, con el San Cristobal y el Torreón, el Cabrero, el Boyar y más lejos la Silla. En media hora habíamos coronado y la vista se alargaba hasta el Pantano de Bornos y el de Guadalcacín. Las paradas “geográficas” para identificar los pueblos nos habían hecho más llevadera la subida.
Justo antes de llegar al Puerto de las Presillas vimos un nevero bien conservado. Una vez en el Puerto nos sobraba ropa, a todos menos a Carmina que iba forrada de forros polares y cubría su cabeza con un gorro rojo. A Rosa le daba fatiga verla: “¿Carmen,hija, no te sobra nada?
A partir de aquí el camino, tras una breve bajada, vuelve a subir pero lo hace por una vereda muy cómoda y con una pendiente no muy exigente. El paso se hace más alegre y el paisaje cambia abriéndose hacia Benaocaz ( que nunca llega a verse), entre Jauleta y el Navazo. Muy a lo lejos nos cierra el horizonte el Aljibe.
El rengue juliano puso, como siempre, la nota alegre, las bromas, los chistes y chascarrillos se suceden siempre en este tiempo.
El Dornajo nos recibió con su árboles desnudos y aunque no es esta la época en la que está más bello, siempre impresiona este circo de farallones que el Simancón y el Reloj presiden orgullosos. La casa, cada vez más derruida, apenas conserva en pie un paño y poco más. Nos llegamos hasta el bonito pilón que hay un poco más allá y nos topamos con los restos de un buitre, las alas y un hueso que pudiera ser del cráneo más algunos huesos largos mondos y lirondos. Supusimos que algún jabalí había dado cuenta de sus restos.
Como era temprano volvimos sobre nuestros pasos y coronada la subida paramos a comer.
El día estaba resultando espléndido y la excursión maravillosa, sin importar que ya la hayamos hecho varias veces, el sitio merece la pena.
Reemprendimos la marcha y en una hora más estábamos en los coches. Bajada hasta la Venta Julián, cervecita y a casa, no demasiado cansados y con el espíritu reconfortado. Eso sí ¡donde esté una buena venta!

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