Posteado por: escuer | 28 marzo 2012

LA MORACHA Y EL PEÓN DEL BUITRE. Por Cecilio Lorente

 

 

Consulto el hermoso libro que me regaló Rafael Caro por mi jubilación y compruebo que el primer intento de ir a la Moracha fue en Diciembre de 2009, vano intento aquel  porque, como todos sabemos,  si comienzas el camino por lugar equivocado lo natural es que no llegues a donde te propones. Esta vez sí, esta vez el inicio del camino era el correcto y la intentona ha tenido éxito,  eso sí la moruguez de quien esto escribe y de mi acompañante, Rafa Poveda, ha jugado un importante papel .

 El carril se inicia pasados 7 km de la Sauceda, camino de  Jimena, tiene un buen firme y asciende con cierta comodidad. Pasados 1,5 km llegamos a un cruce y siguiendo las indicaciones de la guía de “Andar por los Alcornocales”, tomamos el carril de la derecha, poco más allá nos aguardaba la primera sorpresa: tres hermosas ciervas cruzan el carril apenas veinte metros delante de nosotros, un instante fugaz, precioso, que nos alegra más el ánimo. Continuamos ascendiendo, el paisaje se abre y todo el valle del Hozgarganta aparece a nuestros pies, alcanzamos a ver las Sierras del Pinar, del Endrinal, de los Pinos, el Peñón Berrueco…

Nos llaman la atención  la cantidad de brezo,  la abundancia de acebuches y el  gran tamaño de algunos  madroños,  los fresnos en flor y  también el espino albar. La pista no deja de ascender pero nos parece cómoda, rodea el pico de Las Hermosillas y pasados cinco kilómetros llegamos a la portada de La Moracha. Los carteles no prohíben pasar a los caminantes, así que abrimos la cancela y descendemos buscando el caserío. Quinientos metros más allá una bifurcación nos hace dudar, tomamos la pista de la izquierda porque así parece indicarlo nuestra guía, aunque no vemos la “portada de fábrica” a la que hace referencia. Pasado un kilómetro y medio desistimos y volvemos, tomamos la otra pista y poco más allá vemos la famosa “portada”, es lo que pasa si al que describe la ruta se le “olvida”  este pequeño detalle, en fin descendemos otro kilómetro y medio y llegamos a las casas de la Moracha. Nos recibe un pastor alemán que no ladra, solo se levanta y cojeando viene hacia nosotros, decidimos regresar, otros perros pequeños pero ladradores se unen al festejo y la dueña de la casa sale, los llama y ya bajo su protección visitamos el caserío. Apenas unos restos del lugar donde cocían el corcho, una casa grande con una gran puerta de hierro de 1900 y varias casas pequeñas, muy bien cuidadas, en una de las cuales viven la guardesa y su marido. Nos cuenta que aquello perteneció a un empresario catalán, luego a unos portugueses y por fin de nuevo a una familia española. Le damos las gracias por su amabilidad y regresamos sobre nuestros pasos.

Otra vez  en el carril,  tratamos de  localizar unas ruinas a la que hacía referencia nuestra guía. De nuevo una encrucijada y de nuevo un carril que no llevaba a ninguna parte, se perdía entre brezos cada vez que entreveíamos una posible continuación. Pero a morugos no nos gana nadie así que, aunque ya la hora y las fuerzas empezaban a desaconsejar continuar la marcha, retomamos la senda y continuamos por el otro camino de la encrucijada. Poco más allá una valle nos impide el paso, el camino parece continuar por la izquierda pero la valla parece tener un fin más próximo por la derecha, así que subimos hacia ese lado y poco más allá cruzamos una angarilla y salimos a un carril que penetraba en un bello alcornocal, entusiasmados por la hermosura del lugar, seguimos el carril hasta un “roquedal” al que le  hicimos unas fotos. El bosque de alcornoques con sus troncos “oxidados” recién cortados, es precioso y está lleno de helechos, la mayoría todavía secos. Dentro de un mes será espectacular.

De repente, entre dos grandes alcornoques surge una enorme roca que nos deja con la boca abierta, nos quedamos entusiasmados y nos dirigimos hacia ella, sabemos que es el fin de la excursión, da igual que no hayamos dado con las ruinas. Comemos al pie del enorme peñón. Yo no me resisto a subir pegado al risco, Rafa decide verlo desde abajo, quiere saber por qué los buitres van y vienen hacia él, nos reuniremos luego. Subo pegado al peñón y la vista del paredón enmarcando la panorámica hacia el Aljibe me impresiona. Una vez arriba más peñascos y una grandiosa vista hacia la Sierra de Cádiz y el Hozgarganta, la ventolera es de órdago así que me guardo las gafas en el bolsillo, siento pena de que Rafa no haya subido.

Al bajar Rafa me llama, me dice que no me lo pierda, me lleva al pie de un árbol caído y me señala dos grandes cavidades en la pared del peñón. Hay cuatro buitres allí posados, me dice que ha visto más de diez, me acuerdo de Julio.

Se hace tarde, tomamos el camino de regreso y en menos de veinte minutos estamos de nuevo ante la portada de la Moracha. El camino de bajada es sencillo, nos sorprende haber subido tanto, las vacas pastan apaciblemente. Casi al final de nuestro recorrido vemos el peñón en el que hemos estado,  aparece  allí a lo lejos, cuando comenzó el día no sabíamos que íbamos hacia él, averiguaremos su nombre, volveremos.

Es lo que tiene investigar nuevas rutas, son menos de 14 km ida y vuelta hasta allí ( 17 si le sumamos la entrada y salida a las casas de la Moracha), hoy hemos hecho casi 23 km, pero hemos disfrutado como cosacos. ¡Un gran día!

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