Posteado por: Rafa Caro | 10 junio 2012

NOCTURNA. TAJO DE LAS ESCOBAS. El Cronista

En la última excursión habíamos quedado en que la siguiente sería nocturna por aquello del calor (o la calor, andaluzando el término) y que dadas sus características debía tener un camino fácil (nadie habló de corto) y quedamos en que la subida al “Tajo de las Escobas” en Tarifa contenía la idoneidad que buscábamos.

La cita fue en el lugar habitual pero no a la hora de costumbre, obviamente, sino a las siete menos cuarto de la tarde. Cuando llegamos mi esposa y yo, ya esperaban Cecilio, Isabel, Julio y Mª José. Llegando nosotros acababan de hacerlo Rosa y una amiga suya nueva en el grupo, Carmen. A renglón seguido se presentaron Antonio y Raquel y ya conformado el equipo de diez, nos pusimos rumbo a Tarifa, nuestro lugar de destino. Iban al volante, respectivamente, Cecilio y Raquel.

Con una conversación en el coche bastante amena (que no divertida, porque se trataba de asuntos graves domésticos), tomando por la autovía de Los Barrios para evitar la aglomeración de vehículos que pudiera haber en los alrededores de Tarifa, llegamos a nuestro destino y nos pusimos a andar a las ocho y cuarto de la tarde. El paisaje precioso y diáfano; el tiempo fresquito a la altura del Puerto del Cabrito y las ilusiones, muchas, muchísimas diría yo.

El paso se hizo ágil y unas veces llevando la cabeza unos y otras veces otros, llegamos a las nueve y media, casi, al paraje donde sentados en una roca haríamos el rengue Juliano, no sin antes ser víctimas de una broma a la que nos tiene acostumbrados este Julio de nuestros pecados, diciendo que se había dejado el oloroso en su casa porque no creía oportuno llevarlo. Menos mal que lo conocemos y sabemos que se trata de una broma porque sea a medio día o a prima noche, el vino sienta de maravillas y de tan mal acostumbrados como nos tiene, no puede faltar.

El descanso sirvió para, además de descansar (valga la redundancia), aliviar ciertas necesidades fisiológicas y fotografiar un par de flores de rododendro que aún pervivían. Se me olvidaba decir que Carmen era vieja conocida nuestra pero que ni ella nos recordaba ni nosotros nos acordábamos de ella. Hizo una excursión con nosotros a la Vía Verde, de la Estación de Coripe al molino de Bastián. Acabo de leerlo. Para algo habrían de servir las crónicas escritas por este humilde redactor.

Realizado el descanso, continuamos nuestra subida. Nos introdujimos en una zona boscosa y se cerró la noche sobre nuestras cabezas. Las linternas se encendieron y me llamó sobremanera la atención la potente luz que despedía la de Antonio. Fuertes rampas de subida y mucho buen humor en todos. Las estrellas brillaban y el Jefe comenzó su lección astronómica indicándonos el Carro y la Estrella Polar. ¿Y la gente le oía? ¡Qué va! Este grupo es como es y como ya todos peinamos canas. Interesa poco o nada las cosas que el bueno de Cecilio va diciendo. ¿Para qué?

En una zona semiasfaltada y en el arcén del camino, sentados en una gavia hecha de mortero, cenamos. Eran más o menos las once de la noche. ¡Qué lujo de noche! ¡Qué serenidad! ¡Cuánta belleza! A esa hora el lugar no aparecía porque las sombras dominaban todo, pero lo presentíamos.

Terminada la faena, continuamos nuestro ascenso.

Por fin, alrededor de las doce de la noche, topamos con cuatro jóvenes que estaban alertas por la “operación OVNI”, ideada y alentada por Iker Jiménez, de la Cadena SER y llegamos a nuestro destino, que no era otro que las antenas existentes en el Tajo. Departimos un buen rato con los muchachos, interesándonos por lo que hacían allí, y reanudamos nuestra subida hasta dar con los repetidores. Alrededor de las doce y media de la noche habíamos llegado. Cecilio abrió camino a una especie de mirador en donde el grueso del grupo puedo apreciar una parte del estrecho, las luces de las poblaciones y núcleos cercanos. Más tarde nos guió hacia la otra vertiente. Antonio con su cámara nos daba cuenta de un nuevo vocablo para introducir en nuestro vocabulario de fotos: “el pintado” de las imágenes. Impagable. Este Antonio es impagable en sus ocurrencias.

¿Y quien dijo miedo? Había que registrarlo todo y para ello el Cecilico propuso llevarnos a unas rocas, para subidos en ellas, divisar las dos vertientes enteras y tener a nuestros pies el estrecho con las luces de África y Europa. Le seguimos una parte del grupo: la mitad. Nos llevó por una camino infame que a la luz del día podría ser muy fácil pero que a la oscuridad de la noche y guiados por las linternas vi acechante el peligro. Cecilio llevaba una linterna, la de Antonio y le seguíamos Raquel, yo, Antonio y Julio por este orden, portando este último también la suya. Atravesamos sendas cancelas y nos vimos rodeados de alambrada. El suelo roqueño y con yerba (no sé decir de qué se trataba porque no la vi en la oscuridad de la noche) me hizo temer por si sufría un desguince o algo parecido. Llegamos a unas rocas y encaramados a ellas, pudimos contemplar el paisaje nocturno que desde ellas se vislumbraba. De día, la vista debía ser impresionante y más si el día era claro como el que nos tocó vivir. Sentimos el rumor de gente. Se trataba de otro grupo de jóvenes que venía al mismo sitio en que nos encontrábamos nosotros pero que no podían acceder a él. Les indicamos el camino y entre portón y portón les saludamos. Ellos de ida, nosotros de vuelta. Nos reagrupamos de nuevo y comenzamos la bajada.

¡Qué alegre bajada! Rosa, como siempre, irradiando simpatía y ¡a bajar caminando! Todo lo que antes había sido subida se convertía ahora en bajada. Recordamos a Charo con aquello de “para las cuestas arriba…” y como el caminar de unos es más alegre que el de otros, el grupo se fragmentaba. Se reagrupaba y se volvía a fragmentar. Las linternas echaban humo. Paramos en el sitio del rengue de subida para hacer un breve descanso y continuamos nuestro bajar. A la altura del acantonamiento militar existente en la zona, salió la luna. Cecilio había pronosticado que saldría a la una y media de la noche. No se equivocó. Tras unas breves fotos hechas por Antonio y por mí (las mías, para tirarlas), reanudamos nuestro caminar y esta vez, Antonio, Carmen y quien esto escribe, nos pusimos en cabeza hasta llegar a los coches, sin paradas ni reagrupamientos.

Por fin, alcanzamos nuestro destino a las dos treinta y cinco de la madrugada. Y ahora a esperar a los otros que llegaron unos diez minutos más tarde (o así). Como hacía fresco, me enfundé la chaqueta del chándal que no me había puesto antes pese a las insistencias de mi esposa y me senté a esperar. Aparecieron Raquel y mi esposa. Después los demás. ¿Y sabéis qué? No nos cruzamos con coches en todo el trayecto (21 kms. y medio, marcaba el podómetro de Julio; 23 km. el de Cecilio) y en el momento en que mi esposa se puso a hacer sus necesidades fisiológicas menores ¡hasta cuatro coches contamos, que la alumbraban en su tarea! ¡Ya se podían haber esperado un rato!… ¡Y todo por no ser como su marido, ea!

El camino de regreso, tras limpiar los cristales húmedos por el relente y ver como se ocultaba la luna por una neblina que nos surgió rápida, lo hicimos por la carretera a Cádiz. A la hora que veníamos ya no temíamos a nada y efectivamente, la carretera estaba expedita. A la altura de Vejer la carretera se convirtió en autovía. Yo pensaba que al paso por Puerto Real, Cecilio tomaría la autopista pero siguió por la autovía hasta Jerez. En el coche de Raquel dije a mi esposa que se pensara en bajar en la puerta de casa y recoger al día siguiente el coche nuestro de Ifeca. Así lo hicimos y sobre las cuatro y media de la madrugada llegamos a casa el día en que España fue “rescatada” por el Eurogrupo y el “bobarra” de nuestro Presidente, que jamás comparece pese a todo y se larga a Polonia para presenciar el partido de fútbol de la selección española, da muestra una vez más de su falta de tacto y de su poca delicadeza y visión política maltratándonos a los ciudadanos y maltratándose él mismo. ¿Quién no recuerda sus palabras de que gobernaría para todos y estaría a la disposición de todos cuando se le llamase?

En fin, ese es otro tema del que habría mucho que hablar. Por ahora, me conformo con decir que pasamos una noche deliciosa y feliz.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: