Posteado por: escuer | 8 noviembre 2012

CRÓNICA DE LA FUENFRÍA. Por Cecilio

Que los morugos “andan” un poco alicaídos se hizo evidente el sábado 27 de octubre, tan solo siete fuimos de la partida: Escuer, M. José, Julio, Charo, Pepe, Isabel y yo mismo

Como la semana había estado lluviosa y no se había despejado del todo, decidimos hacer una ruta no muy larga y por una pista cómoda, así que repetimos la caminata a la Fuenfría, partiendo del carril que sube hacia los Quejigales.

La parada para el desayuno fue esta vez en Montecorto, lo que hizo que algunos llegaran ya con el estomaguito algo revuelto. Todo bastante más sencillito que en otras ocasiones ya que apenas hubo disensiones en las peticiones.

Repuestas las fuerzas y superado el cruce de Igualeja, tomamos el carril que sale a la izquierda y que sube hacia la Sierra de las Nieves. Apenas un par de kilómetros después aparcamos los coches.

Cruzado el puente del arroyo, tomamos el carril de la derecha y seguimos su curso por la margen derecha. El cauce mostraba los efectos de una reciente avenida, pero no llevaba agua. El cielo estaba encapotado, las nubes muy bajas y la niebla nos impedía ver más allá de media ladera de los montes circundantes.

Escuer, fiel a sí mismo, puso en duda que la “baraka del jefe” nos acompañara y trataba de influir en el ánimo de las mujeres amenazando con la probable lluvia. Eso sí la temperatura era ideal para caminar.

Pronto llegamos a la Fuenfría baja y en el valle parecía aumentar la visibilidad, la amenaza de lluvia se alejaba y la charla, como siempre, era muy animada. En una hora estábamos en la Fuenfría alta, allí nos recibieron los ladridos de dos mastines que se mostraban furiosos por nuestra presencia. Como la valla les impedía venir hacia nosotros decidieron hostigar a dos caballos que pastaban plácidamente.

Tomamos el rengue juliano junto a la fuente cercana a los restos del antiguo cuartel de la guardia civil. Luego continuamos nuestro camino seguidos por unos gatitos que nos acompañaron hasta el final de la ruta.

En medio del carril, un tritón muerto llamó nuestra atención ( los gatos no le hicieron ni caso). Una vez subido el puerto se divisaba una bella panorámica hacia San Pedro de Alcántara y un profundo barranco que aparecía a nuestro pies.

Disfrutando del paisaje continuamos la pista un kilómetro más hasta un punto en el que se divisa otro profundo valle al pie del pico Torrecilla. La cumbre todavía aparecía tapada por las nubes, pero en el horizonte se podía ver la Bahía de Málaga. Al otro lado S. Pedro de Alcántara y la costa hacia Gibraltar.

Con la pena de abandonar tan precioso lugar, volvimos sobre nuestros pasos, cogimos algunas pesadas piedrecitas ( magnetita) y regresamos a la Fuenfría Alta, con dos de los gatitos pegados a nuestros pies. Allí, en un rústico merendero, hicimos el almuerzo y, como el fresquito era cada vez más intenso, retomamos el camino de regreso.

El trabajo de varios escarabajos peloteros nos sirvió de distracción durante un buen tramo, luego el paso se hizo más alegre y a alrededor de las cuatro llegamos a los coches, con el ánimo renovado. Por fin, nueva parada en Montecorto y feliz regreso a casa.

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