Posteado por: Antonio | 13 enero 2013

DE EL BOSQUE A BENAMAHOMA POR EL RÍO

DE EL BOSQUE A BENAMAHOMA POR EL RÍO

Desde Junio hasta Enero. Ese fue el  larguísimo tiempo en que estuve sin ir a la sierra. En Junio asistí a una excursión nocturna en el Tajo de las Escobas y desde aquella lejana fecha había estado enclaustrado por avatares ajenos a mí. Primero fue el verano y después la torcedura del tobillo derecho en San Sebastián bajando el Monte Urgull, (con caída incluida) y que me ha tenido apartado, en contra de mi voluntad, y no he visitado la sierra desde aquel lejano tiempo. Mis amigos hicieron los miércoles paseos, pero a esos ni los cuento, porque pasear, ya lo hago yo acompañado de mi esposa. Me refiero a hacer excursiones y aunque esta no sea considerada como tal, sí que merece la pena especificarla y tenerla en cuenta, a pesar de la falta del Jefe aglutinador y de que asistiéramos a ella los “escacharraos”, los viejos, aunque asistieran también jóvenes viejos, como lo puedan ser Julio, Juan y algún que otro más.

Nada menos que doce nos encontramos aquella neblinosa mañana de Enero en el palacio de Ifeca a las nueve. Faltaba, como dije anteriormente, el Jefe aglutinador porque ejerciendo sus funciones de abuelo se encontraba en Zaragoza a la espera de su otro nieto, Pablo, hacer las veces de abuelo con su nieto Raúl y ayudar a su hija y su yerno a hacer la mudanza de piso. Sus nombres para la constancia en la posteridad: Adolfo, Mari Sol, Juan, Mari Carmen (dos “fichajes” de ultima hornada), Julio, María José, Antonio, Rosa, Carmina, Rafael, mi esposa y yo.

GRUPO EN BENAMAHOMA

Encaminamos nuestros pasos a la vecina ciudad de El Bosque una mañana cerrada de niebla. Frío no hacía pero humedad, toda la del mundo. Llegamos a nuestro primer punto de destino que como siempre fue la Venta Julián. Alguno pensó en la Venta Marcelo de Jerez, pero optamos por la de siempre, por la regentada por nuestro ya viejo amigo Eloy a quien hicimos entrega del calendario para este año, magnífico por cierto. Este Antonio va mejorando los calendarios por año. ¿Y por qué la entrega del primer calendario elaborado por él? Pues porque en la foto, realizada en nuestra comida de Navidad, aparece Eloy, que nos había pedido ya el calendario y fuimos a comer (opíparamente, por cierto) en nuestro ya tradicional encuentro navideño. Tanto gustó el documento, que quedamos en hacerle entrega de otro, ya que su mujer (la mujer de Eloy) quedó prendada de este y quedará en su casa.

El desayuno transcurrió con la cordialidad de  siempre y con las peticiones de siempre y el cachondeo de siempre en cuanto toca pedir a las mujeres. Y realizado éste, nos pusimos en andas para realizar la excursión del día, no sin antes advertir a nuestro amigo Eloy que nos esperara a los doce para comer allí mismo sobre las dos o dos y media, que era cuando preveíamos habría acabado nuestra marcha.

Buscamos la entrada al camino que nos guiaría hasta la vecina Benamahoma. Hubo sus bromas entre Julio y Rosa porque esta tomó por la orilla del Hostal “Las Truchas”, mientras que aquel, quería hacerlo un poco más arriba, desde el camino que comienza frontero al albergue juvenil que hay por allí. Metros más o menos. El verdadero camino comienza algo más abajo, junto a la piscifactoría.

Con buen humor iniciamos nuestro caminar y con un recuerdo para nuestro Jefe para decir de él, que todo cuanto decíamos y hacíamos lo poníamos en duda pero que cuando el Jefe hablaba todos le obedecíamos.

La mañana estaba calma, la niebla había levantado y el paisaje estaba precioso. Realizamos la primera parada para acercarnos a la piscifactoría de El Bosque. Un enorme mastín guardaba la piscifactoría y dos hombres estaban trabajando alimentando a los peces. Reanudamos nuestra marcha, sin moratoria alguna por la orilla del río Majaceite. Miré el reloj y marcaba casi las once de la mañana.

El camino a orilla del río es tal vez la primera excursión que hace todo senderista porque es un camino fácil, de dificultad casi nula, bien marcado y muy hollado. Apto, como dije al principio, para “escacharraos”. El río tiene sus aguas impresionantemente limpias y lo habitan nutrias (a las que naturalmente no vimos), barbos y truchas. Su vegetación consistente en bosque galería tiene las características formaciones de ellas: chopos, sauces, adelfas, zarzas, fresnos…forman en su conjunto un paisaje precioso. Esta sierra nuestra siempre nos sorprende y aunque la visita al río hace mucho tiempo que la realicé, siempre me sorprende, siempre veo algo nuevo en ella.

Llegamos a la Fábrica de luz y el río que lo habíamos traído a nuestra derecha se nos puso a nuestra izquierda. Pasamos por puentes de madera que no estaban hechos cuando la última vez estuve por allí. El camino, como dije anteriormente, es precioso y lo han embellecido más si cabe.

Acompañados del eterno cantar del agua fuimos devorando los metros hasta llegar a Benamahoma. Sobre las doce y media, se le urgió a Julio su oloroso y éste negó haberlo llevado. Yo no lo creí porque estoy acostumbrado a sus bromas. Pero esta vez fue cierto. ¡El tío, no lo había traído!

Llegamos a Benamahoma y nos sentamos en la terraza del bar que hay allí mismo, pasados los viejos batanes del río. Tomamos la cerveza y de tapa, las aceitunas que nos habían puesto y los torreznos que Mari Sol había preparado para la ocasión y las avellanas que María José siempre lleva consigo. Julio pagó, compararon algunos palos de sierra para los nietos y emprendimos la marcha de regreso por el mismo camino que habíamos traído para llegar aquí. La mañana estaba resultando preciosa.

El camino de vuelta lo hicimos encontrándonos con una ingente multitud de personas. Era como si hubieran abierto la veda y hubieran dado permiso para realizarlo. Jamás había tropezado con tanta gente. La calle Sierpes, vaya, como dijo alguien. Recordé cuando allá, por los lejanos días del año 96, Cecilio y yo, acompañados de nuestras respectivas féminas, habíamos comenzado la preciosa aventura de andar por la sierra. En aquel tiempo nadie andaba por allá y sólo cuatro “chalados” lo hacíamos. ¡Cuánto han cambiado los tiempos! Y es de alegrarse. Que la gente ande, que es una afición barata y muy sana.

Realizado el camino de regreso, fue un caos la cosa. Rafael Escuer se adelantó y llegó solo instalándose en un bar de la plazoleta de enfrente; Antonio y Julio llegaron por otro sitio al mismo lugar que este; Adolfo llegó por otra parte y se acomodó junto a él; mi esposa y yo tomamos por el camino conocido de la mañana; los demás tomaron por otra ruta y atravesaron el pueblo… Sea como fuere a los dos y media pasadas, estábamos sentados en las mesas que Eloy nos tenía preparadas.

La comida transcurrió entre risas y chascarrillos. Antonio hizo una foto al matrimonio recién incorporado para agregarlos en “photoshop” al calendario y a la  hora de pagar nos vimos gratamente sorprendidos porque el día nos había salido por 15 euros, desayuno, aperitivo y almuerzo (opíparo, como siempre) incluidos. ¿Hay quién dé más por menos?

A las seis de la tarde llegamos al coche y estábamos en casa. ¿Y mi tobillo? Nada. No me había resentido de nada. Una pequeña torcedura al regreso de la excursión que me hizo decir un improperio que me afeó la Jefa de Convivencia, cariñosamente, como siempre…

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