Posteado por: Antonio | 23 marzo 2013

Ruta Montejaque-Forcila-Llanos del Zurraque-El Pozuelo-Montejaque. 21 de marzo.

N O T A:  LA RESEÑA COMPLETA CON FOTOS Y MAPA APARECERÁ PINCHANDO EN EL FICHERO SIGUIENTE:

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montejaque -forcila-montejaque

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Ruta Montejaque-Forcila-Llanos del Zurraque-El Pozuelo-Montejaque.

Distancia: 23 Kms

Tiempo: 6 horas

Parece que los martes están gafados, así que de nuevo convocamos salida un jueves – 21 de marzo por más señas- pero el éxito de la convocatoria es menguado. El grupo de Cádiz parece en horas bajas – hace dos excursiones eran cinco, la pasada tres y esta ninguno- claro que el día no es habitual. El caso es que Jota, Juan Bautista y yo mismo, nos proponemos realizar una ruta ya hecha pero con una nueva variante.

Después de desayunar en la venta del Cortijo de Algodonales, nos dirigimos a Montejaque desde donde a las diez y diez comenzamos nuestro camino (1)

En esta ocasión el “pantano” de Montejaque lo parece verdaderamente, su cola inunda el cauce del arroyo Gudares o Campobuches. (2)

Caminamos unos dos kilómetros y medio por la pista que lo sigue y tomamos la que sube hacia el puerto de Forcila. Las cantarinas aguas  del arroyo del mismo nombre nos acompañan, incluso forman un par de cascadas.

Una vez coronado, podemos ver en la lejanía el Puerto de las Palomas y la Sierra del Pinar.

Una tumba de un fusilado de 1936 llama nuestra atención. (3)

Luego llegamos a un llano lleno de margaritas blancas, enmarcado por unos farallones a su izquierda. Un espléndido pozo rebosante inunda el llano y me lleno de fango por cruzarlo haciendo fotos. Soy objeto de las chanzas de Jota y Juan Bautista.

Llegados al cortijo del “delicado” como lo llama Rafa Poveda, nos desviamos para llegar a la casa del Cabrizal.

Allí, en una especie de era,  (4) tomamos el rengue – Juan se ha procurado el oloroso y los frutos secos- hacemos unas fotos al hermoso llano y al Simancón y nos decidimos a subir para cruzar  el extremo del farallón.

Salvamos la valla por unas escaleras de hierro, luego cruzamos una cancela y llegados al otro lado del puerto dimos con el Hoyo de la Matanza,  hermoso lugar del cual Cristóbal ya dio razón en su crónica.

Una vez en los Llanos de Zurraque,(5) Juan y Jota me explican por dónde bajaron hacia el Burfo. Esta vez decidimos cruzarlo, es una maravilla, está enmarcado por un torcal con caprichosas formaciones. En su centro una hilera de  grandes quejigos  y a la derecha una gran charca con un inmenso chaparro. Una alfombra verde cubre prado y numerosas vacas y cabras pastan plácidamente. El día es luminoso y no paramos de hacer fotos.

Ante la duda, lo cruzamos entero y tomamos una senda con hitos que nos lleva a una alambrada – sería fácil saltarla y seguir los hitos que hay al otro lado – pero me empeño en buscar una cancela que no existe y finalmente la cruzamos por otro lado que parece dar a un camino más grande (6). El camino desaparece, las veredas se enmarañan y nos llevan hacia formaciones rocosas muy bellas pero inaccesibles y aquello no parece llevar a ninguna parte. Es temprano y no damos marcha atrás, pero intentamos dirigirnos hacia el sendero donde estaban los hitos –Brian ya desconfiaría de nosotros- fiándonos del sentido de la orientación. Finalmente la cosa sale bien y en poco tiempo el camino se hace más marcado. Un precioso torcal nos rodea y descendemos hacia un llano donde pasta una piara de cochinos pequeñitos.

Jota se adelanta y los cochinos lo rodean (7), están famélicos. Él los arrea y mueve el palo, sus voces parecen en verdad las de alguien que conoce el oficio. La pista ahora es cómoda pero el barrizal es considerable.

Pronto enlazamos con la que baja de los Llanos de Líbar, faltan unos ocho kilómetros para llegar así que paramos a comer (8).

El camino (la GR7) ahora es muy cómodo; un señor que quemaba ramas nos dijo que nos faltaban 6 kilómetros hasta Montejaque.

Nos hacemos fotos en el tronco de un inmenso quejigo (9).

Luego llegamos llano de El Pozuelo, una inmensa extensión bien enmarcada por montañas y canchales; admiramos nuestra senda rodeada de os trigales salpicados de encinas.

Juan y Jota me señalan las cancelas por las que salieron del Burfo mientras que un mastín inmóvil nos avisaba con sus roncos ladridos hasta donde debíamos pasar. Y mientras tanto una  oveja con su corderillo recién nacido  intentaban vanamente unirse al resto del rebaño (10).

Y la senda descendía entre montañas de formas caprichosas con cresterías puntiagudas hasta que divisamos el monte Hacho (11).

Llegados a la fuente de las afueras de Montejaque tomamos la pista de la izquierda justo donde sube otro camino hacia Montalate. Allí nos llama atención una choza  sin puerta, con dos colchonetas y una gran chimenea de lata – un azulejo en el dintel dice “Marina Dor”- Jota y yo decimos que es la choza de Juan Lobón.

Son las cinco menos cuarto cuando llegamos al coche, hemos recorrido 23 km y hemos admirado de nuevo esta fabulosa sierra . Allí mismo hay un bar con un pequeño patio en el que nos acomodamos. Pedimos unas tapitas y pegamos la oreja a la charla de tres lugareños:

–         Desde luego vosotros no sois cazadores ni nada. En otros municipios los furtivos ya habrían matado unos cuantos.

( Silencio de los interpelados)

–         Los guardas jurados dicen que son especies en peligro de extinción, para mí son una plaga, se lo comen todos, las cabras montesas y los venados también.

(Interviene Juan y el señor sale al patio)

–         Se comen todo y los ciervos con la cornamenta raspan los troncos de los plantones y los secan. El otro día había lo menos treinta cabras montesas y te miran y no se asustan.

–         Nosotros no hemos visto ni una. ¿Dónde tiene usted el olivar?

–         Al otro lado del Hacho, la pista que sale del “chozo de la viagra”.

–         ¿Ese que tiene unos colchones y una chimenea?

–         Ese, ese es el chozo donde acuden los viejos. Pues ese camino lleva a mi finca. Allí tengo una casa rural, pregunten ustedes por el Curro el de Monte Hacho.

Terminamos la conversación, cogimos el coche y tras una parada para fotografiar de nuevo el pantano, regresamos a casa después de un hermoso día.

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