Posteado por: escuer | 28 enero 2014

VILLALUENGA-UBRIQUE

 

 

Muchas son las salidas y marchas que ha realizado este grupo, tantas que yo no quedan lugares  vírgenes, desconocidos e ignotos para nosotros por lo que es necesario repetir las mismas. Ello no supone ningún esfuerzo ni sacrificio dado que siempre, y esto va para veinte años, siempre ha sido un goce y disfrute.

Apenas Helios desperezábase de su letargo nocturno e iluminaba y rompía con sus aúreos rayos las tinieblas cuando el grupo reuniose en el lugar habitual. Esta vez fue el neófito Ángel el pionero, que habiendo oído hablar de la proverbial puntualidad moruga estaba haciendo guardia y espera. Se hicieron las tradicionales presentaciones y bien sea porque Mª José en un flechazo quedó prendada de su presencia, bien por otros motivos ocultos, el caso es que el joven efebo presentando unas disculpas pospuso su incorporación al grupo para otra ocasión.

Se emprendió la marcha hacia El Bosque y en esta villa a la venta Julián, donde el mesonero Eloy y todos sus mancebos y aláteres se afanaban presurosos en servir las comandas de la gran cantidad de excursionistas, senderistas, turistas y sabatineros, que no ya domingueros, poblaban el local y deseaban hacer la primera colación matutina. En estas estábamos cuando Caro y Casti se presentaron y unieron al grupo. Parece ser que la mala conciencia de no querer acompañarnos se había quebrado.

Su incorporación dio lugar que Cecilio mudase de parecer, ya se sabe que este hombre dice y promete una cosa, y que al estilo de nuestros políticos, y especial, uno que ha llegado a las más altas cimas de la nación, cumple y hace otra, por lo que decidió realizar la ruta Villaluenga-Ubrique.

 

Llegados a la localidad que tiene el honroso título de ser la más pequeña de la provincia y dejando los coches se inició la marcha. Tomaron la delantera Rosa y Escuer, y el grupo sumiso y dócil como en él es normal los siguieron. El cielo despejado mostraba un color zarco esplendoroso. La atmósfera nítida y limpia. La vegetación, agradecida a pasadas lluvias, exuberante y generosa. El paisaje espectacular con sus riscos y farallones, todo ello invitaba a la calma y satisfacción. Lugar idílico donde los haya. Todo hacía pensar que Dios Nuestro Señor tuvo un pequeño despiste y olvidándose de este sitio colocó el Edén en Mesopotamia. ¡Eso se perdieron nuestros primeros padres!

Cecilio tomó el mando de la expedición y colocándose en cabeza nos dirigió por trochas y veredas, sendas y vericuetos y no acertaba con el sendero bueno y todo eran idas y venidas, avances y retrocesos, vueltas y revueltas, tanto es así que el Éxodo más que referirse a los 40 años de vagar por el Sinai parecía narrar nuestra marcha sabatina.

Isabel empezaba a mostrarse indignada hacia su esposo. Julio, como buen amante de las bromas, intentaba poner paz y orden. Escuer realista y veraz haciendo las pertinentes observaciones. Rosa acabó con este galimatías de opiniones con un sonoro ¡¡¡CALIENTAPOLLAS!!! que retumbó en todo el valle.

Todos nos quedamos suspensos y admirados del amplio conocimiento que tenía la moza de la anatomía varonil.

Por el alto de un cerro se destacó la silueta de un indígena o lugareño que venía en sentido contrario al nuestro. Isabel le inquirió:

-¿Vamos bien por aquí?

-Depende a donde vayan.

Fue su acertada contestación. Comunicándole nuestro destino nos situó en la senda correcta.

Una vez enderezado el rumbo, y tomado primero el consabido rengue juliano y después la colación, casi ya vespertina por lo tardía, continuamos la marcha rodeados e impregnados nuestros espíritus por la belleza del paisaje que de por sí ya era agraciado y majestuoso, añádase al mismo el hecho de que la incipiente primavera empezaba a mostrar sus galas y elegancias, y los lirios, cual heraldos de la nueva estación mostraban sus bellezas y delicias por doquier cubriendo y tapizando con sus colores las praderas.

Tras coronar el Puerto del Calvito comenzó el descenso, la senda o vereda trascurre muy próxima a unos farallones que hay en el Salto del Pollo. Farallones de auténtica belleza incrementada ésta por el hecho de estar poblado por una numerosa colonia de buitres. Animales que con sus vuelos circulares de planeo pasaban tan cerca de nosotros que casi se podían alcanzar con la mano.

Y en estas estábamos cuando algo cansados físicamente, pero henchidos y satisfechos de gozo por la travesía realizada divisamos la ansiada tierra prometida que no era otra sino el coche de Raquel y sobre todo un cercano hotel provisto de abundante cerveza con la que reponer los electrolitos perdidos.

Mientras los conductores iban a recoger sus vehículos sitos en Villaluenga el resto nos quedmos de Ubrique esperando, y porque la espera fuese menos larga y trabajosa, y no por otra cosa, se pidieron y despacharon varias cervezas. Y he aquí habiendo sido servidas Isabelita levantándose, y accidentalmente, derramó las mismas con el consiguiente estropicio de vasos y copas. Está visto que al mejor escribano se le escapa un borrón, lo que traducido a román paladino quiere decir que a la mejor puta se le escapa un pedo.

Y así trascurrió y finalizó, una más, de las muchas, variadas y felices marchas que ha realizado este grupo.

 

 

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