Posteado por: Rafa Caro | 26 septiembre 2014

PUNTA DEL BOQUERÓN

A las once y como un clavo, ya nos esperaban en la puerta del palacio de Ifeca. Llegando nosotros lo hicieron también, Cecilio, Julio, Isabel y Mª José subidos en el coche del primero. Los saludos habituales y rápidamente a los coches. En el de Adolfo, además de él como conductor, lo hicieron Marisol y Raquel. En el de Escuer íbamos, él, Carmina, Casti y yo. Las once y cuarto, era la hora de salida y la hora justa en que salimos para Cádiz. Se trataba del miércoles 24 de Septiembre y aprovechábamos la fiesta de la Merced, para salir por primera vez en el curso y después de los días lluviosos que habíamos tenido. Íbamos once.

El camino a Cádiz se hizo corto entre las charlas y las llamadas a Dulce para indicarle a dónde nos dirigíamos. Llegamos a Cádiz y enfilamos dirección San Fernando, desviándonos hacia el viejo C.I.R. de Camposoto. En una de sus playas iba a tener lugar la excursión. ¡Y qué playón! Los militares no se andaban con chiquitas. Se trataba de una playa enorme que la comenzamos a andar casi a mediados de ella y que fuimos buscando dirección sur el viejo castillo de Sancti Petri.

El día era caluroso, como corresponde a las alturas del calendario en que nos encontrábamos y el descubrimiento había sido de Juan Bautista, que el día anterior había llevado a la gente del “Palo Corto” y tanto gustó a Cecilio que al día siguiente, nada más, nos llevó a nosotros, los “Morugos”, a conocer esas playas, casi vírgenes de las que aún podemos gozar en ciertas partes de la provincia.

Comenzamos a andar pasadas las doce, tomando, como dije antes, dirección sur.

El día, aunque caluroso, lo mitigaba la brisa y al norte, veíamos Cádiz. Al sur dos blocaos y la isla del viejo templo de Melkart. Hacia ellos nos dirigíamos. Por el camino, nos acordamos de Rosa y la felicitamos por su cumpleaños y por su arribada a España desde Nueva York.

El camino se nos hizo ameno, con las charlas, y llegando al segundo blocao, Adolfo se quiso volver. Llevábamos andando una hora y sintiéndose fatigado daba por terminada la excursión. Discutieron y yo determiné seguir al Jefe. Siento enormemente lo que ocurra en el grupo, pero mientras tenga fuerzas, seguiré en él y a él. Después de breves indecisiones se resolvió la papeleta con la vuelta de Adolfo y Marisol, su esposa, para acompañarle, y de Julio y su esposa, Mª José, que cual buenos samaritanos optaron por lo mismo, para que no se fueran solos. Y eso que Julio fue de los primeros en decir que seguía al Jefe…Pero no lo pueden evitar. Es más fuerte que ellos y el día que se mueran tendrán reservado un trocito de cielo. Y yo, como soy un demonio, y no creo en nada, tendré reservado un lentisco que me suba por la cabeza.

Seguimos nuestra ruta los siete restantes y pronto llegamos a la altura de Sancti Petri y del caño que lleva sus aguas hasta las ruinas del viejo castillo. Cientos de barcos y yates estaban anclados en el caño. Una mirada nos hacía tener al alcance de nuestras manos Chiclana y San Fernando. Cádiz no se veía y Cecilio, aprovechando nuestra incultura geográfica, antes de ver Cádiz con nitidez nos dijo que señaláramos por qué sitio creíamos que estaba la capital. Señalamos por el sitio que pensábamos estuviese y nos equivocamos de plano. Después de pasar por un recodo, allí se encontraba Cádiz y su no terminado puente de la Constitución. Topamos con el fortín-batería de Urrutia, en donde la flota y los cañones hispanos-ingleses infringieron grave derrota al ejército poderoso de Napoleón en la batalla de la Barrosa en 1881, según consta en cartelas puestas allí para los efectos.

Dejando atrás las ruinas gloriosas de la batería Urrutia nos adentramos en terrenos marismeños. Hicimos fotos a unos cangrejos en el primer caño que allí vimos y antes que nos diésemos cuenta ya estábamos en el mirador de la playa. ¡Qué preciosidad de excursión! Carmina comentaba que ya necesitaba andar y ver una cosa bonita. Yo, también. Y mucho.

Del mirador pasamos a la playa porque hacía mejor tiempo que andar por terreno marismeño, por lo de la brisa y tal y mirando hacia el sur vimos que los blocaos los habíamos dejado muy atrás. ¡Qué cosas!

Andando y andando por la orilla, tropezamos con Juan Bautista y Carmen. Fue gran alegría hallarlos. Habían dejado a su hijo en el aeropuerto y por eso no nos habían acompañado en la excursión pero en cuanto pudieron, se presentaron en ella. Ya éramos trece. El camino del retorno, lo hicimos alegremente y más antes que después, llegamos a los coches. Habíamos tardado en la excursión dos horas y media, mal contadas y a un paso cuartelero, aunque no en exceso.

Subimos a los coches que allá nos esperaban. Al instante aparecieron Julio y Adolfo con sus respectivas esposas. Yo subí con Juan Bautista cambiándome por Carmen. (Lo siento, Juan, saliste perdiendo en el cambio). Y sin más preámbulo nos fuimos a comer al barrio de “La Casería”, un barrio y un bar con vistas a la bahía. Tuvimos nuestras dudas, nuestros más y nuestros menos (cuando no los tenemos en este dichoso grupo) y sentándonos a las mesas, que en un principio nos habían preparado, comimos. ¡Joder si comimos! Lo que nos trajeron y más. Al final 18 euros cada uno, pero nos hartamos de comer, de beber… ¡y de reír! La verdad, es que lo pasamos muy requetebién. Todo estaba riquísimo y los pescados, frescos, muy frescos.

Como no tenían café, en los postres nos acercamos al bar que Carmina y Escuer nos querían haber llevado y que estaba pared con pared de donde comimos. El mar nos rodeaba y nos hacíamos cuenta que estábamos en Venecia. Que se apunten un 10, los amigos (Rafael y Carmina) que nos llevaron a ese bar, en donde echamos un rato impagable.

Tiramos para Jerez a tomar el café en “El barco”. Al ser miércoles, los cafés eran gratis por tomar un trozo de tarta y allí aparecieron unos trozos que nadie esperaba, pero que nos comimos pese a que la comida había sida pantagruélica.

Dimos por finalizado el día rondando las siete de la tarde y a las nueve y media, ya estaba encamado, muerto de sueño y… ¡a dormir!

¡Qué día, Señor, qué día! ¿Y cuántos así?

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