Posteado por: escuer | 5 octubre 2014

EL VALLE DEL GENAL. Por Escuer

¿Do fueron aquellas gestas magníficas que tanto engrandecieron et enorgullecieron la bien ganada fama de Los Morugos? ¿Qué se ficieron con aquestas xornadas que todo era subir crestas et collados, coronar cimas et cúspides et conquistar sierras et valles para mayor honra et fama de nostro rey et gloria de Nostro Sennor Dios? ¿Que fue de todo d’ello?

Et agora todo eran salidas gastronómicas et de cosas de yantar. Los Caballeros Morugos desprendiéndose de sus hábitos et costumbres de la vida dura et áspera que les fabía forjado las marxas et expediciones se fabían arropado con las vestimentas proporcionadas por la vagancia et molicie et la vida cómoda et despreocupada de mesones et figones, de ágapes, pitanzas et colaciones. ¡Solo faltaba que cualquier día a alguien se le ocurriese la fatal idea de convertir la mesnada en un grupo dedicado al juego et al placer, et trucar sus armas senderistas por naipes et baraxas, et otras cosas de vicios, fullerías et depravación¡ ¡Plugue a Dios Nostro Sennor que non ocurra tal cosa¡

Et como los ánimos bien parescían que estaban dominados por el Maligno convocose marxa en la festividad de S. Francisco de Asís et con destino et fin en el valle del Genal que por ser época de castañas debía de vestir sus mejores colores et follajes.

Reuniose la mesnada en lugar habitual, más non en ora usual et acostumbrada. Et estaba formada la tropa por los caballeros dómines: Pepe, Julio, Elías et Escuer et por las dóminas Isabel, Carmina, Carmen Gómez, Charo, Mª José y Raquel, et todos ellos comandados por nostro adalid Cecilio. Asi mesmo presentarónse donna Marisol et dómine Adolfo el cual al percatarse de que se abandonaban las viejas costumbres de caminar et fabían sido trucadas por las del yantar et comer decidió mudar de parescer et abandonando la tropa determinó de facer la guerra por su cuenta.

Tomáronse tres faetones et una vez embarcados emprendiose la marcha facia la villa de El Bosque para facer la primera colación en el mesón de nostro amigo Eloy. Por ser fabitual, ficiéronse los dos grupos acostumbrados, uno formado por los caballeros et el otro por las féminas. Et en uno cuando acudió el ventero a tomar las comandas viose que todos estábamos de común acuerdo et unanimidad en ellas, mientras que en el otro grupo la discrepancia fue total.

Finada la colación reemprendiose la marxa con próxima parada en El Mojón de la Víbora donde admirose al magnífico paisaje que desde allí se divisaba.

Novamente a los carruaxes et nos fuimos adentrando en nostro destino. El Valle del Genal vestía sus mejores ropajes et atavíos et desplegaba ante nostros oxos la magnificencia de sus tintes et colores et en medio de sus verdes et glaucos aparescían los mínimos, pero muy fermosos pueblos et villas que forman aquel paraiso. Et íbamos parándonos et deteniéndonos en todos en cada uno de los numerosos miradores que abundan en la ruta.

Et en uno d’ellos, que como oviese una cierta discrepancia en determinar ante un cartel orientador si el Romeral era pico o pueblo ovo diversidad de opiniones en uno u otro sentido, et micer Escuer con su proverbial modestia et docilidad et reconociendo su yerro volvió al camino de la verdad, “que rectificar es cosa de sabios”.

Alcanzose la villa de Genalguacil fermosa como todas aquellas d’estos paraxes. Deambulose por sus calles, deleitaronse nostros oxos et nostras almas con la belleza et fermosura de calles, callejuelas, rincones, plazas et placitas, lo que todo ello facia que nostro espíritu estoviese cada vez más henchido et colmado de satisfación.

Et como nostra ánima fabíamos cumplido con ella era menester facerlo con nostro cuerpo et a tal fin nos aposentamos en una venta o mesón que por su orden et limpieza destacó llamándonos nostra atención. El mesonero, persona de cierta edad, viendo el número de comensales que se le veían encima desfizose en disculpas et justificaciones, más decidiose que nos arriesgábamos a yantar allí mesmo.

La elección fue acertada, pues en contra de todo pronóstico el lugar era ameno et tranquilo, limpio et ordenado, la colación fue servida con celeridad et presteza, la calidad de la mesma extraordinaria et abundante. Et todo ello por la suma de siete monedas et media per cápita.

Novo paseo por la villa, que meresce la pena, ese et muchos más que se fagan, et subidos en nostros carruaxes nos dirigimos en ruta facia Algatocín.

Más hete aquí que en mitad de la ruta fabía muchas castañas, por ser época d’ellas, et deteniendo nostros carruaxes nos dispusimos a facer acopio de las mesmas. A nostras mentes vinieron las imágenes de la xornada de face unos años que montando en briosos corceles de raza germánica un labriego nos increpó al grito de “mucho Audi, mucho Audi y vienen a robar castañas”.

La villa de Algotacín celebraba fiestas patronales motivo por el que las calles y ruas se encontraban atestadas de gentes et carruaxes. Et uno d’ellos contraviniendo todas las normas, impedía el paso al faetón de micer Julio, et que portaba como postillón al adalid micer Cecilio, el cual poniéndose a la altura del coche contrario increpó et afeó su proceder, más lejos de reconocer su yerro et culpa vino a decir que los atributos masculinos de micer Julio tenían forma, por ser tridimensionales, de paralelepípedo, lo que traducido a román paladino significa que “tenía los ovos cuadradrados”. Esto oido et percibido por micer Cecilio, el cual es de natural tranquilo et sosegado, encendió su ánimo et si no es por la premura del momento oviese motivo para lance de honor a primera sangre. Todo ello fue así mesmo presenciado por el segundo carruaxe, el de micer Escuer y su postillona donna Carmina, la cual al alcanzar al contrario también le increpó, et dixo, el otro”otra igual”. Aquí finalizó la contienda, no dando lugar a que la sangre alcanzase el río.

Et con estos, et otros muchos trances, que por no ser prolixos, non detallamos, et después de tomar viandas et bebidas en un mesón de la ruta dimos por finada la xornada, la cual fabía sido favorable et provechosa, et por ser nostro natural discreto et mesurado, tanto en nostras aspiraciones como en el deseo de que salga bueno el azadón, et dando gracias a Nostro Sennor nos retiramos a nostros dominios hasta otra próxima ocasión

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