Posteado por: Antonio | 5 noviembre 2014

La última jornada, la del domingo día 26. Guadix

La última jornada, la del domingo día 26, no fue solamente la del viaje de vuelta a Jerez, sino que fue una combinación de ruta y viaje de retorno, o sea como la del primer día. Aquí se combino el viaje con una parada y ruta urbana por la ciudad de Granada.

Como coincidió con el cambio de la hora la costumbre nos despertó a las siete de la mañana, que eran las ocho de antes del cambio de hora. El grupo se puso en marcha rápidamente; nos preparamos, se recogieron pertenencias, se limpiaron habitaciones y vehículos, se cargaron maleteros y a las 8.45 salíamos de casa de los anfitriones para los “Abades”, en donde desayunamos. Como es norma en el grupo, se repitió la variedad en la petición de diferentes tipos de café y tamaño y acompañamiento de tostadas y/o molletes.

Y reconfortados los cuerpos nos dirigimos a la capital, entrando en ella por El Fargue, San Gabriel y Haza Grande, es decir por la ruta tradicional entre Guadix y Granada, conocida con el nombre de “el tambor”. Aprovechando este itinerario tuvimos el primer contacto visual de la ciudad, parándonos en el mirador de San Cristóbal. Desde allí nos informamos de diferentes edificios que nos sorprendieron o fueron objeto de nuestra curiosidad por su forma y aspecto que ofrecían.

Y descendimos hasta llegar a la Avenida de la Constitución, dejando los vehículos en el aparcamiento subterráneo que allí existe. Y eran las 10: 30 cuando comenzamos la ruta urbana con destino al barrio del Albaicin.

Desde la calle de Elvira, a la altura del templo de San Andrés iniciamos la subida al monte en donde se ubica el barrio. De forma súbita abandonamos las calles anchas, largas y rectas para adentrarnos en otras estrechas, cortas e irregulares que nos hacían reflexionar sobre el distinto tipo de urbanismo de la civilización musulmana. La subida se dulcificaba con la visión de fachadas, puertas, ventanas enrejadas y adornadas de plantas o con las panorámicas  de la ciudad que íbamos viendo a medida que alcanzábamos nuevas alturas.

Y subiendo por la Corteza de San Andrés, Zenete, Cruz… llegamos a la recoleta y pintoresca plaza de San Miguel Bajo. Nos quedamos encantados con el aspecto de sus casas, el reclamo de las terrazas de los bares y por supuesto con el magnífico templo de estilo mudéjar que ocupa uno de los frontales de la plaza. En el interior admiramos los diferentes aspectos de este estilo artístico, soportes, arcos y cubierta con dos tipos de artesonado. Subimos a su torre y nos quedamos gratamente sorprendidos por la espectacular panorámica de la que disfrutamos.

A continuación admiramos la magnifica fachada del gótico tardío del convento de Santa Isabel la Real, siguiendo de nuevo por otras calles llegamos al Arco de las Pesas para adentrarnos en la popular Plaza Larga,  donde nos reconfortamos con un café en “Casa Pasteles” .

Y en el callejón de San Cecilio, tuvimos un encuentro con un joven chaval, que andando a toda prisa y portando  un viejo caballete y una desvencijada silla de anea, le sorprendió a Juan que al preguntarle “dónde iba con tanta prisa un pintor” paró y le ofreció sus dibujos como un regalo. Al final nos dio todos los dibujos que portaba y entablamos una pequeña conversación por la que supimos que era belga, que había venido recientemente de su país, al que no quería volver más ya que sus compatriotas estaban locos, que sólo pensaban en el suicidio; Cecilio dedujo que sería por la falta de sol. Su nombre artístico era “Fil de Coton”.

Y llegamos a la Plaza de San Nicolás que como siempre estaba concurrida por una variadísima gente. Por supuesto que nos hicimos las fotos sirviendo la Alhambra de fondo. A continuación entramos en la Mezquita de Granada. Nos deslumbramos por la blancura de su patio;  vimos desde una puerta el muro de quibla con el mihrab,  y en el frondoso y bien cuidado patio exterior disfrutamos, ahora con más sosiego, de una magnifica vista de la Alhambra. Con este marco nos hicimos una foto el  grupo completo.

Y comenzamos la bajada hacia la Catedral, por un sinfín de calles como el callejón de las Tomasas, Aljibe de Trillo, Rosal…, llegamos a San Juan de los Reyes, que nos condujo hasta la plaza de San Gregorio. Entramos en la iglesia que se localiza allí, en la que se reza al Santísimo las veinticuatro horas, de eso se encargan las hermanas de  la Comunidad de religiosas de las Clarisas, por turnos y sin dar nunca la espalda al altar.

Proseguimos por la calle Calderería Nueva, repleta de locales comerciales, regentados por magrebíes,  entre los que destacan las teterías, de tal manera que de forma genérica se conoce por este nombre a la calle. Y por la calle Cárcel Baja,  llegamos a la Catedral. No pudimos entrar pues el horario de visitas  lo impedía.

Encaminándonos hacia San Juan de Dios, por la calle San Jerónimo comprobamos que no sólo en Jerez hay procesiones casi todos los domingos, que en Granda también las hay, en este caso la Virgen del Remedio. Y como ya eran las 13:40 San Juan de Dios, claro está, estaba cerrado, pero no así el Perpetuo Socorro cuyo interior vimos de forma rápida. Y desde aquí al Monasterio de San Jerónimo del que sólo vimos el exterior.

Era la hora de parar, descansar un poco, tomar una cervecita y algo de comer. El sitio elegido fue un bar llamado “Mas que Vinos”, situado en una callejuela perpendicular a la calle Zacatín. El lugar nos agradó y dimos cuenta de unas cuantas cervezas acompañadas de sus tapas y un revuelto de patatas, huevo y jamón.

Y luego a las plazas de  Bib-Rambla y del Carmen, y de nuevo otra parada culinaria, ahora en el bar la “Blanca Paloma”, donde dimos cuenta de otras cervezas, berenjenas y rape.

Y de nuevo a seguir andando, ahora por Puerta Real, José Antonio y  Carrera del Genil hasta  la Basílica de la Virgen de las Angustias, que como era natural, a las tres de la tarde, estaba cerrada. En definitiva que como lo que estaba abierto eran los bares, nos sentamos en  la cafetería “Fútbol”, en la plaza de la Mariana, para tomar café y helados.

Por último hicimos el tramo que nos faltaba hasta el aparcamiento. Ahora seguimos por San Matías, Navas, Reyes Católicos y Gran Vía.

En definitiva una rutita de unas seis horas y media. Pensamos que el subgrupo morugo se portó de forma adecuada

Y eran las cinco de la tarde, cuando recogimos los coches y comenzamos el retorno a Jerez. Hicimos una parada técnica en “El Canal” y  a las 20: 30 estábamos felizmente en casa.

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