Posteado por: Rafa Caro | 12 enero 2015

EXCURSION POR CHARCO REDONDO

En la cena que tuvimos en casa de Cecilio surgió todo de forma espontánea. Había que hacer al día siguiente una salida al campo. ¿Quién se apunta? Cada uno fue diciendo los achaques que tenía para no ir y de los dieciséis que estábamos jugando la partida, solo Pepe y Charo, junto con mi esposa y yo, Cecilio, Isabel y Julio, aceptamos el reto lanzado por el Jefe. Así pues, confeccionada la exigua lista quedamos para el día siguiente partir desde el punto habitual y a la hora de siempre. Iríamos a realizar la excursión que los del “Palo Corto” habían hecho hacía pocos días y que Cecilio no fue a ella por múltiples motivos.
Solo dos coches salimos desde Ifeca en esa ocasión, el día 10 de Enero, fecha de inauguración de temporada: en el de Pepe nos acomodaríamos mi esposa y yo, y en el del Jefe, irían acompañando a este, su esposa y Julio. En marcha, pues.
El camino, con las charlas, se nos hizo corto y más antes que después llegamos al lugar del desayuno en las Palmosas, orilla de Alcalá, en donde pedimos lo de siempre, pero esta vez acompañado de cuatro molletes que se quedarían en tres y medio, dado que los molletes eran hermosos, y sin más preámbulo, aparcamos algo más tarde en la orilla del Charco Redondo para realizar la excursión. De un coche bajaron unos senderistas y puesto que ocupaban un lugar holgado, nos hicieron sitio para poder aparcar Pepe. Gente amable donde las haya.
Comenzamos a andar a las diez y media. Cecilio iba acompañado de un mapa, dejado por los del “Palo Corto”, y se trataba de hacer un recorrido de unos diez kilómetros, en forma circular. El mapa, no tenía desperdicio y con las fotos en la retina de cuanto habían hecho y el croquis con las indicaciones, el mapa y el sentido de la excursión y de la orientación del Jefe, ¿para qué más?
El sitio era precioso. Los hitos que habían marcado los seguimos con precisión. Comenzamos viendo unas esculturas modernas de unos cubos y unos barrotes de metal oxidado, en uno de los cuales había escrito algo así como en “lugar de plantar árboles han plantado estas mierdas (sic) de esculturas”. Como me hizo gracia, lo fotografié. Continuamos nuestra marcha y dimos con un mirador hacia el “Charco Redondo”. Bello lugar. En ese sitio vimos por última vez a nuestros senderistas, que nos precedían, y que dijimos de no saludarlos más, puesto que llevábamos el mismo camino. No los vimos más hasta volver a los coches, donde Cecilio, subido ya al suyo y de vuelta del recorrido, le preguntó a quién parecía llevar la voz cantante del grupo, por unas cuevas que no habíamos visto y que los del “Palo Corto”, habían puesto en el mapa como referente. Habíamos pasado por su lado y no habíamos reparado en ellas. Para otra vez será.
Después de la panorámica hallada, seguimos nuestro caminar observando unas tumbas antropomórficas. El día amenazaba lluvia y comenzaba a abrir. Cosas y nubes propias de las proximidades del Estrecho. Y digo yo, y decíamos todos, que esas tumbas, tan pequeñas, si eran de niños o qué. En la edad de piedra, los hombres eran bajitos. La estatura del hombre (y de la mujer, oiga, no me tachen de machista…), conforme se va avanzando, va creciendo.
Los pinos y alcornoques se sucedían y dimos con un cercado con un par de mulos trabados que a mi parecer eran burros andaluces, porque así lo decía también una cartela encontrada, que fotografié. Las orejas grandes eran de borricos, pero como me discutían que se trataba de mulos, pues allá lo tengan. Sean borricos o mulos, por allí cerca andaban las cuevas antropomórficas que Cecilio buscaba insistentemente y que no vimos. ¡Mecachis!… Pero el lugar no deja de ser lindísimo.
Subíamos y tan pronto a nuestra derecha veíamos el panorama porque se encontraba despejado que a nuestra izquierda nos encontrábamos con pinos y plantación nueva de pinitos y otras yerbas. A cada instante parábamos porque se abría un panorama distinto digno de fotografiar. Dimos con una señal de caminantes que marcaba una flecha hacia la izquierda pero la obviamos y continuamos por el sendero marcado. El lugar seguía siendo precioso. Atacamos una bajada muy fuerte y plante mis posaderas en la tierra. Digo que me caí por primera vez. Y digo por primera vez porque aún tuve una caída mayor algo después. Serán cosa de la vejez. Yo, que siempre presumí de ser joven, ahora me caigo en cada excursión que realizo. Y para nada tienen la culpa los zapatos que me ponga sino la edad. Y basta.
Vimos una panorámica del “Charco Redondo” en plenitud. ¡Cuánta belleza! Parecía una ría o un fiordo noruego, en expresión feliz, de uno de los que allí íbamos. Y bajando, bajando, dimos con una piedra horadada, que al final de la bajada se encontraba, a orillas del charco. Hacia ella nos dirigimos, y en el lugar nos fotografiamos y nos tomamos el rengue juliano.
Iniciamos el camino de vuelta a orillas del gran charco. Cecilio, con una buena lógica, dijo de comer en la cola del pantano Celemín. Fue aceptada su propuesta porque ninguno de los que habíamos allí teníamos hambre alguna.
Todo cuanto habíamos subido, suavemente, y bajado, abruptamente, se convirtió en llano. La piedra arenisca del lugar había dejado zonas en la que el agua se la había tragado y parecía perderse el camino, aunque con alguna dificultad lo salváramos. Dimos con una casa derruida y una gran llanura con un naranjo dulce en su alrededor. Atacamos el naranjo. Y no por el hecho de que las naranjas estuvieran más o menos dulces, que lo estaban, o a precio más que barato, sino por el hecho de comerlas y cogerlas. Cecilio se subió al naranjo y comenzó una recolección “bastonera”. Las naranjas caían por efectos de los bastonazos, mientras los demás nos entreteníamos en coger las naranjas que caían al suelo tiradas por él. Aparecieron unos borricos e Isabel se acercó a ellos, madre e hijo, y los acurrucó y se fotografió con estos.
Continuamos nuestra marcha hasta dar con una cancela cerrada que nos cortaba el camino. La salvamos con un pequeño salto y un dejar mochilas y bastones (excepto el Jefe), para meternos por una pequeña oquedad que quedaba a nuestra izquierda.
Y de ahí, dirigiéndonos a los coches, dimos por terminada la primera fase de nuestra excursión. Nos subimos y saliendo nos encontramos con nuestros vecinos, que acababan de hacerlo también y a los que Cecilio les preguntó por las cuevas que no habíamos visto. Una vez aclarada la cuestión pusimos rumbo al pantano Celemín en cuya cola comeríamos.
Pasamos por unas ventas. Yo creí que Cecilio iba a parar en una de ellas porque eran las dos y pico de la tarde y apetecía una cerveza, pero no. Continuamos por la carretera de Los Barrios a Benalup hasta llegar a donde habíamos previsto hacerlo. Por la carretera se veía en lontananza Benalup y paramos en un lugar desconocido por todos o casi todos a orillas del Celemín.
Desde el lugar en que paramos se distinguía el Tajo de las Figuras que en una ocasión estuvimos en él. Comimos en un lugar de acampada delicioso. El día estaba de ensueño. Lo hicimos al sol y para nada nos sobraba ropa o al menos a mí, porque los demás se habían despojado de alguna de ellas. Acabados de comer, Julio fue hacia el lago y yo le seguí. ¡Cuánta belleza! Hice unas fotos del lugar y después de comer nos dirigimos hacia el puente de madera que cruza el embalse. Una pareja se nos acercó y nos preguntó por una venta para comer ellos. Dimos detalles de ella. El paseo hasta el puente, precioso y el puente, no digamos. Lo cruzamos y Julio a la vuelta contó los metros que podía tener. Cerca de medio kilómetro. Lindo de verdad.
Tomamos los coches y pasados Benalup-Casas Viejas, San José de Malcocinado y Badalejos, aparcamos en la Venta del Soldado. Miento, en la Venta no, sino en una que tiene al lado, aunque el aparcamiento fuera el mismo. Allá tomamos el café y los refrescos y antes que nos diéramos cuenta, ya estábamos enfilando Jerez, después de hacer las cuentas. Y llegamos a casa.
Día delicioso y digno de repetirse. Nuestras retinas venían ahítas de tanta hermosura como habían contenido. Rondando las seis llegamos a casa.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: