Posteado por: escuer | 18 febrero 2016

PIEDRA DELPADRON.- Por Cecilio Lorente

Este sábado 13 de febrero de 2016, se presentaba muy nuboso y amenazaba con llover durante buena parte del día, era pues una de esas jornadas en las que “no apetece” salir de marcha. Y sin embargo,  por todo ello, eran las condiciones ideales para llevar a cabo la ruta propuesta: del arroyo de la Peguera a la Piedra del Padrón.

Esta vez fuimos de la partida Julio, María José, Isabel, Cecilio, Mari Luz, Tomás,  Lino y Charo, es decir savia vieja y nueva a partes iguales.

El desayuno en La Palmosa con “pirula” de entrada a cargo de Julio que conducía el primer coche, y es que se está volviendo “muy otro”, en estas cuestiones del respeto circulatorio y peatonal.

Luego, en el carril de La Peguera, llevamos los coches hasta el Puerto del Membrillo para que el camino no resultara excesivamente largo. Previamente,  en este tramo del trayecto, hicimos el Paso Rally andado para admirar este bello rincón en toda su plenitud.  Los altísimos álamos y las enredaderas que se descuelgan de ellos a modo de “lianas”, junto a la estrechez y la umbría del lugar, le dan a este rincón todo el aspecto de una “corredoira” gallega, tal y como apuntó Julio y corroboramos los que hemos tenido la dicha de disfrutarlas en el siempre añorado Camino.

A mi mente acudieron también las imágenes de algunas ciervas que, en ocasiones anteriores, correteaban en las inmediaciones de este idílico entorno.

Una vez calzadas las botas con  las polainas y puestos los chubasqueros y capellinas, iniciamos el ascenso hacia un objetivo que debería divisarse a lo lejos, pero que las nubes bajas nos impedían ver. Con paso alegre y animada charla subimos la empinada cuesta  bajo un ligero chirimiri que por momentos arreciaba y volvía a aminorar, pero que no suponía un grave impedimento, al contrario daba al bosque un brillo y una frescura que lo hacían más atractivo.

Unas pequeñas correntías  nos regalaban su cantarina melodía y la conversación giraba sobre la hora a la que abriría el tiempo y veríamos el sol, según Tomás y Cecilio, siempre optimistas y fieles seguidores del Maldonado.

Cuando llegamos a la primitiva caseta de incendios, vimos a un joven que portaba una buena bolsa llena de chantarellas, según dijo, unos siete kilos calculaba. No se había dado mal la mañana, aunque por lo que dijo el día anterior había sido mejor pues su padre había cogido 18 kilos.

Ahora el carril desciende ligeramente y el paso se aviva, el paisaje se abre hacia el Aljibe y las sierras malagueñas, pero las nubes nos tapan las cumbres, lo que sí podemos admirar a nuestros pies es la inmensidad del bosque de Los Alcornocales. Del otro lado, hacia el oeste, en algunos puntos del camino, podemos divisar el pantano del Barbate que se desparrama hacia Casas Viejas.

Ya estamos cerca, pero la Piedra del Padrón sigue sin mostrarse, sólo vemos el carril y el bosque de alcornoques que se inclinan hacia el oeste, dejando claro cual es el viento dominante en esta zona. Cuando apenas falta un kilómetro, dejamos el carril y nos desviamos a nuestra derecha siguiendo el murete de piedra que marca los límites de los municipios de Alcalá de los Gazules y supongo que Los Barrios; este murete nos llevaría hasta la Piedra si no lo abandonásemos. Pero lo hacemos y damos a un hermoso canuto que nos deja boquiabiertos a todos, en especial a los “nuevos”, menos acostumbrados a visitar lugares como estos, y en un día tan propicio.

El verde y brillante musgo lo invade todo, las piedras aparecen alfombradas por este tapiz verde que también cubre todos los troncos de los árboles. Los helechos trepan hasta las ramas de los quejigos. El suelo lleno de hojas  muertas, aparece mojado y salpicado de setas, algunas de considerable tamaño, a salvo por nuestra ignorancia.

Algún durillo en flor sirve de fondo para las obligadas fotos, nos llama la atención una cueva horadada en una gran piedra al borde del arroyo que se abre paso entre pedruscos tapizados, en resumen un  rincón “encantado” que nos hace disfrutar como enanos.

Abandonamos el canuto y subimos un pequeño repecho para dar ¡por fin!, con el gran pedrusco vertical que es la Piedra del Padrón. Isabel y yo tenemos la fortuna de verlo aparecer sobre las jaras que pueblan la loma, coronado por un gran buitre que adivinando nuestra presencia eleva el vuelo.

Nos acercamos a la enorme piedra y nos hacemos las fotos de rigor, la pertinaz llovizna  y el poniente no nos dejan disfrutar del momento todo el tiempo que hubiéramos deseado, pero el objetivo está cumplido, así que media vuelta y de nuevo al hermoso y acogedor canuto.

Seguimos el arroyo hasta que sale de nuevo al carril y al abrigo de unas grandes lajas tomamos el rengue juliano. Tomás se deshace en atenciones al Jefe y se declara ferviente seguidor, lo que nos hace pensar si no buscará algún “carguito”.

De nuevo en el carril, el paso se aviva y el paisaje se vuelve a abrir hacia el bosque de los alcornocales. Ya no llueve y las nubes pasan veloces sin dejar de ocultar las cumbres más altas. Ahora sí vemos la Piedra del Padrón y no dejaremos de verla durante toda la bajada.

Una parada para ver, a lo lejos, el Pantano del Barbate y continuamos la marcha para, en poco tiempo, llegar a los coches. Y como punto final cervecita o café en La Palmosa para poner punto y final a una jornada hermosa y diferente.

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