Posteado por: escuer | 6 abril 2016

LOS RISCOS. Por Rafael Escuer

AGRADECIMIENTO: A Cecilio Lorente y Carmen Poveda

sin cuya colaboración no hubiese sido posible esta crónica.

Intentando evadirme de la triste y ridícula situación socio-política que envolvía, para unos pocos, la placentera disposición, y para la mayoría negra y cruda realidad, me encaminé hacia el centro de la ciudad en busca de una de las llamadas “librería de viejo”, lugar donde se almacenan, apilan y acumulan libros, cuadernos, papeles y legajos de épocas pretéritas y que yacen sumidas en el sueño del olvido. Al local, que más que local parecía cueva o antro, se accedía descendiendo cuatro desgastados escalones. Iluminación pobre y escasa, tan solo dos bombillas intentaban mal alumbrar los tesoros apilados en estanterías y anaqueles que hasta el techo llegaban. El librero, envuelto en su guardapolvos y tocado con un bonete, apenas levantó la vista que fija en una pila de libros tenía sobre el mostrador, y haciéndome una seña con la mano me autorizó a que buscase lo que fuese de mi agrado.

Mi vista, después de un rato pasado para acostumbrarse a la penumbra del local empezó a recorrer los tomos de los libros que allí se acumulaban, y entre ellos descubrí un viejo pergamino que enrollado y atado con una cinta de tela roja, exhibía el siguiente título:

LOS MORUGOS

Do se narran y cuentan los verídicos fechos y aventuras de este afamado grupo.

Et corriendo el anno MMXVI de la era de nostro Sennor et siendo la festividad de san Francisco de Paula la mesnada de Los Morugos decidió facer marcha et salida por un lugar llamado Los Riscos en malagueñas sierras et a tal fin acordose salir del lugar, sitio et ora fabitual. Et a tal ora et en el mesmo sitio fabía concentración de miles de jóvenes partidarios et seguidores del movimiento manga, vestidos et ataviados para tal ocasión. Et era digno de verse a Los Morugos, con su vestimenta típica et dispuestos a tomar la sierra malacitana, et a los efebos  prestos et preparados para la guerra de las galaxias. Et si unos parescían que se trasladaban en vehículos interestelares, los otros lo facían en carruajes, carromatos et faetones. Et en el que abría la marcha acomodáronse cide Cecilio, mosen Julio et las damas donna Mª José et donna Isabel, en el segundo los fidalgos don Adolfo et don Santiago et sus damas donna Marisol et donna Dulce, en el tercero el margrave Juan Bautista, dómine Pepe et donna Charo et donna Carmen, et en el zaguero o posterior iban las dóminas donna Carmina, dona Rosa, donna Felisa, donna Rosalía et donna Mari Luz, carruaje de lo de más silencioso, tranquilo et sosegado que uno pueda imaginarse.

Et llegado a la villa de Algodonales fízose parada en la venta El Cortijo do una mesonera acudió a servir las comandas del desayuno, et tomando nota de los mesmos comenzó el baile et batiburrillo de peticiones, cambios, renuncias et trasmutaciones de los mesmos: “Yo lo quiero pequeño”, “ Pues yo grande”, “ Yo mediano”, “A mí bórrame lo de grande y me lo traes mediano”, “No, no, borra también lo de mediano y traelo pequeño”, et ansí van enumerando todas las posibles variaciones et combinaciones que sobre los cafés y los molletes se puedan formar. La mesonera, con paciencia infinita, más que el señor de Getsemaní (que le pisaron el huerto et no protestó) toma nota, hasta que estalla en un sonoro:

-¡¡¡Por favor, que tengo dos autobuses esperando!!!

Et además hay cuatro que faltan todavía, con lo que a la ora de su llegada, et como vulgarmente se dice, ¡vuelta la burra al trigo!.

Solventada la situación nuevamente a los carruajes, et facia la villa de Alpandeire. Estacionados los carruajes, la mesnada moruga, et con toda la impedimenta de caminar et andar se pone en marcha. Una subida facia los Riscos, et llagando a los mesmos un paisaje maravilloso se despliega ante nostros oxos. La naturaleza, eterna artista del paisaje, ha labrado a lo largo de los siglos una de las múltiples obras, culmen de la belleza. Las rocas adoptan miles de formas caprichosas. Los Morugos, atónitos et suspensos, (bueno, lo de atónitos es un decir) contemplan ensimismados tanta belleza, et van rompiendo su silencio para describir las formas et configuraciones que les asemejan los riscos et escollos: “¡Mira hay hay un cordero con un buitre encima!, ¿lo veis?. “Y allí una tortuga. ¡No, que es un lagarto!”, ¡Y allí un águila con las alas recogidas y la cabeza agachada!”, “ Mira un rinoceronte. Y un burro volando” Et ansí van describiendo las múltiples et variadas formas que los peñascos han ido adoptando con el paso del tiempo.

El dios Helios va caminado lentamente facia su cenit, et en esto echase en falta al margrave dómine Juan Bautista, et algo alejado del grupo paresce ser que algo busca entre los matojos, dándole voces responde que está buscando espárragos. ¡Lo que faltaba en este grupo!.

Et por romper la monotonía de la marcha se entablan muchos et variados temas de conversación, et uno d’ellos es el del juego, et mosen Julio nos viene a decir que su tío decía con mucha frecuencia: “en el juego está el progreso”. Et como llama la atención esta máxima se va repitiendo a lo largo de la jornada de vez en cuando.

El rubicundo Apolo inica su descenso et bajada facia el orto u ocaso et la frugalidad de la mesnada se va resintiendo, máxime cuando no hay alguna persona sensata et ecuánime que ponga orden et concierto en este despropósito. Donna Isabelita, ¡como no! es la que apunta un poco de sensatez et clama:

-Y el rengue, ¿Cuándo lo hacemos?.

Et si antes salió el tema del juego, considerado como progreso, es ahora la meditación transcendental. Hay que facer notar que algunas dóminas del grupo acuden varias veces por semana a un seminario sobre este aspecto. El lugar es idóneo para tal fin, la majestuosidad et belleza del paisaje, el silencio et tranquilidad del mesmo, la paz et el sosiego que se respira invitan todos ellos a esta meditación transcendental, más yendo dóminas el silencio se lo pasan por el forro de sus caprichos. ¡Para que acudir a un lugar tan maravilloso como éste! Es lo que los clásicos definirían como “mingere extra puteum”, que en roman paladino viene a decir “mear fuera del tiesto”.

Llama la atención al grupo que estando entre tanto roquedal aparezca un claro con forma et apariencia de era de trillar et que oviese entre tanto peñascal. Acude el grupo a la sapìencia et maestría del margrave el cual aclara que como en tiempos pretéritos et por la necesidad de alimentos se cultivaba en zonas que hoy parescería un milagro el poder facerlo.

Finada la colación et reemprendiendo la marcha toma la iniciativa donna Dulce, ¡cosas más difíciles veredes! Sabido es que si un ciego guía a otro ciego ambos van al pozo. Et non solo eso sino que el relevo es tomado por donna Isabel. Conocido es el pavor et temor de la citada dómina a los yerros et extravíos de las marchas, más superados es ella la conduce por lugares ignotos et desconocidos. Más alguno, con aviesas intenciones vuelve a la más cruda realidad cuando le inquiere:

-Isabel, ¿tú estás segura que es por ahí?

Se le requiere al adalid una paradita geográfica. Solícito et complaciente accede a la mesma. Impera el silencio et recogimiento, et estando en lo más profundo de la meditación transcendental se sintoniza el Canal Cocina, et comienzase a degranar recetas et aplicaciones de las mil maneras de facer los asados et guisos. La paciencia del adalid rebosa de su cuerpo et poniendo orden manda callar sobre este tema.

Et en estas va trascurriendo la jornada, no muy larga, una legua aproximadamente, pero de una belleza extraordinaria, lo cual supone placer para el cuerpo y gozo para el espíritu.

Llegados a los carruajes las damas toman la sabia detrminación de facer estiramientos et exercicios de recuperación. ¡Et fabía que ver que arte et dominio demostraban¡ Todas conjuntadas et al unísono más bien parecían gráciles et graciosas núbiles et púberes doncellas.

Et como la xornada va alargándose et por facer tiempo la mesnada dirigiose a la villa de Alpandeire. Lugar do impera el silencio et la quietud, solo roto por un grupo de turistas el cual ha tomado como guía un simpático chaval con síndrome de Down, pero profundo conocedor de su pueblo el cual lo explica a los turistas de forma clara y muy amena. Et ese momento les está aclarando que el bar está cerrado porque ha nacido un niño pequeño, parece ser que ese pueblo todos los niños que nacen son pequeños. Alguna dómina despistada añade:

-¿Qué hace éste hablando de la Navidad ahora?

Novamente parada en la venta El Cortijo donde se reponen fuerzas con las consabidas cervezas, caldereta de cordero y ajetes. Et con esto se da por finalizada la marcha.

De todo lo cual doy fe

Firmado y signado

(ilegible)

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