Posteado por: Antonio | 2 junio 2016

Sierra de San Bartolomé por Juan Bautista 14 de mayo de 2016

Sierra de San Bartolomé por Juan Bautista    14 de mayo de 2016

Era un sábado sin el Jefe, que se encontraba en Zaragoza con su hija y nietos;  nosotros (Carmen y yo)  habíamos llegado el miércoles de hacer el Camino… parecía que no se iba a hacer salida.

La noche anterior me puse en contacto con Julio, que le pareció bien la propuesta que hice, pese a haber consultado no sé qué página de previsión del tiempo que preveía lluvias en la zona de Tarifa. Una vez que Julio, que aún no tiene WhatsApp accedió,  convoqué a la familia senderista moruga a la excursión por la Sierra de San Bartolo, citándolos a las 9:00 en IFECA. Algunos respondieron que no iban y otros preguntaron por la dureza de la excursión. Ante las manifestaciones exageradas de algunos, Felisa que había confirmado su presencia renunció a ir; otros como Carmina desistieron para hacer algo más cómodo para Rafael.

Yen IFECA a las 9:00 estábamos tres parejas: Tomás y  Mª Luz; Julio y Mª José; Carmen y yo. Seis morugos  que perpetúan las salidas de los sábados.

Por la autovía de los Barrios hasta Medina y desde Medina hasta la Barca de Vejer, donde hicimos el reconstituyente desayuno. Continuamos por la N-340 hasta el desvío de la Bolonia, para continuar por la CA-8202 hasta el puerto de Bolonia, donde seguimos por la Carretera de Betis hasta dejar el coche al inicio de la pista del Ramal de Pulido, que entre otros lugares llega hasta el Restaurante El Tesoro.

A las 10:40 nos pusimos en marcha para ahora andar lo que habíamos hecho en coche, hasta la Barriada de Betis.

Y comenzó lo bonito de esta ruta: las vistas de a costa y del interior; pero también por la fecha de la excursión el espectáculo multicolor que las flores proporcionan a cada palmo de tierra.

Y así vimos primero la playa de Valdevaqueros y un poco más allá Tarifa y más al fondo las costas de Marruecos con la mole del Yebel Musa y entre ambos un mar de intenso azul que hacía por el contraste, aún  más bella la panorámica. Y las miles de flores de variado cromatismo que por los lados de la carretera por la que andábamos cubrían las laderas del monte.

Llegados al caserío de Betis, abandonamos la carretera e iniciamos el ascenso hacia el San Bartolo. Hicimos caso omiso al letrero que  indica la prohibición de andar por esa zona desde abril a Septiembre y con paso lento y muchas paradas admiramos la gran roca que de una sola pieza acompaña la subida por la parte derecha. Es una roca de arenisca, de color grisáceo y con numerosas manchas negras. La erosión ha dado lugar  a formas caprichosas que nuestra pupila identifica con animales o seres fantásticos. La gran roca alberga cavidades, bien redondas (marmitas) bien fisuras que son ocupadas por troncos de árboles  y que han hecho del lugar un sitio donde vivir.

El sendero transcurre primero entre árboles: eucaliptos, pinos algún qejigo… hasta una altura en la que aparece el matorral formado por lentiscos, brezo y jara cuyas flores blancas daban un formidable aspecto a esta parte del sendero.

Y la subida acabó  llegando a la enorme llanura que hay en la cima, apareciéndonos la formidable vista de la ensenada de Bolonia, la duna y la Sierra de la Plata, que forma en su aproximación al mar la Punta Camarinal, que separa las playas del Cañuelo de la de Bolonia. Nos recreamos en esta visión; nos hicimos las fotos y buscamos un abrigo para hacer el rengue o más bien comida.

Continuamos nuestra marcha hacia el sur y tras pasar por estrechos y empinados desfiladeros, ascendimos a la parte más alta de la Sierra situada a 452 metros. Desde este lugar pudimos contemplar la más amplia y bella panorámica desde Tarifa a Barbate en la costa española y al frente un enorme litoral africano.

Comenzamos el descenso en dirección sur, hasta girar hacia por un sendero que nos llevaría a la pista donde se encontraban los coches, en los que estábamos a las 15:20. Bajamos siguiendo la carretera de Betis hasta el Rio del valle, donde nos encontramos con una bellísima extensión de flores.

Continuamos nuestra marcha de regreso y decidimos parar a tomar las cervezas en la Venta Candela de Medina Sidonia. Algunas tapas, refrescos y cervezas sirvieron para evocar la ruta tan preciosa que habíamos hecho.

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