Posteado por: Antonio | 12 septiembre 2016

CRONICA DEL VIAJE A LOS ALPES DOLOMITAS. 2016 16 a 23 de Junio

CRONICA DEL VIAJE A LOS ALPES DOLOMITAS

2016  16 A 23 DE JUNIO

A MODO DE PRÓLOGO.

Hay viajes que uno nunca se los imagina, bien porque el lugar de destino nunca se te había ocurrido, o simplemente porque tus preferencias son otras bien distintas en todos los aspectos.

La amistad con Cecilio, entre muchas buenas cosas,   ha proporcionado un espíritu viajero de ritmo casi frenético. Hacemos viajes de corta, media y larga duración. Los de duración algo más larga y a un destino más lejano,  se proyectan, como es lógico, con mucha antelación.

Así, con estos planteamientos, el año pasado hicimos un viaje a unas regiones de Italia: a la Toscana algunas zonas del Véneto y a otras zonas de la Emilia Romagna.  Viaje de claro contenido urbano y monumental.

Para este año se comenzó hablando de  un posible viaje a Francia, a la Normandía preferentemente, pero para Navidad, Cecilio comenzó a recordar los paisajes alpinos italianos que había visto años atrás de una forma rápida y breve. Se había quedado prendado de lo que vio y deseó volver a aquel lugar, con más días y conocer con algo más de profundidad los Alpes de esta zona de Italia, conocidos como los Dolomitas.

Era un viaje diferente, ya que la naturaleza, los paisajes y algo de senderismo eran sus componentes  y sus alicientes. Y así nos lo planteó, nos convenció y nos pusimos en marcha a partir de enero.

Primero nos preocupamos de los vuelos. Lo hicimos con la compañía buscadora de vuelos  Rumbo, que nos ofrecía un vuelo de Ryanair, cuyo aeropuerto de origen era  Sevilla, y de destino Milán. Se sacaron los vuelos.

A continuación hicimos el alquiler del coche mediante la empresa  Rentalcars, aprovechando una oferta de precios más económicos. El proceso fue muy personal y cómodo, ya que una chica, Inés Valeiras, desde Londres  se preocupó de buscar la compañía que ofrecía los precios más económicos.

Y por último decidimos que para el hospedaje, nos interesaba y nos gustaba mucho más el tipo de casas o apartamentos. Y a través de Booking reservamos dos apartamentos en Penia, muy cerca de Canazei.

Al repasar los horarios de los vuelos, observamos que la hora de llegada del vuelo en Milán, impedía  llegar al apartamento a la hora de formular la inscripción y la recogida de llaves. Era necesario cambiar los vuelos, encontrando como solución llegar a Bolonia y volver desde Bérgamo.  Cambio que afectaba también al alquiler del coche.

Esto supuso nuevas gestiones y algún gasto adicional. Hay que comentar para futuros viajes, que las compañías intermediarias de busca vuelos, no responden a este tipo de cambios, te remiten a la compañía aérea. En este caso Ryanair resolvió satisfactoriamente el cambio. En cuanto al alquiler del coche, Rentalcars respondió igualmente  al cambio que se le pedía.

De esta forma en febrero teníamos resuelto lo fundamental del viaje: vuelo, coche y hospedaje. Sólo faltaba organizar el contenido de cada día. Fue la tarea de Mayo

Y llego el jueves dieciséis de junio. Cada pareja en un taxi nos dirigimos a la Estación de Ferrocarril. Tras los saludos y una breve espera en el andén a las seis  y diecisiete partió el tren con destino a Sevilla. En silencio e intentando dormir llegamos a Santa Justa. Tomamos el autobús al aeropuerto y  a las 8, en el mostrador de Ryanair, estábamos facturando las maletas, tanto la de la cabina como la grande. Pasamos la Seguridad y desayunamos en la cafetería Abades. El avión salió puntual, el vuelo fue bueno a pesar del grupo de escolares que pululaban en los asientos cercanos a nosotros y llegó a Bolonia a la hora indicada. Recogimos las maletas y nos dirigimos al mostrador de Álamo,  para gestionar la recogida del coche. Nos atendió una chica que hablaba bastante bien el español, se extrañó del destino de nuestro viaje  y entre los coches que nos ofreció elegimos un Toyota automático. Un encargado nos dio unas breves y no muy  buenas explicaciones  y salimos del aeropuerto con la ayuda de los mapas de Google, mientras que el tontón se ubicaba y ponía en marcha.

Por la autopista “autoestrada del Sole”, nos encaminamos hasta  Módena, donde tomamos el desvío  hacia Mantova  y Verona. Este tramo nos resultaba familiar ya que el año pasado recorrimos algunos tramos de la llanura Regio Emilia. Pero a medida que íbamos hacia el norte el paisaje cambiaba; ya la amplia llanura Emilia se iba estrechando y aparecían los primeros altos murallones de los Alpes;  ya no era una extensa llanura sino un amplio valle excavado por el río Adige; pasamos Trento y no haciendo caso al tontón, abandonamos la autopista y comenzamos una vertiginosa subida hacia Montagna.

Hicimos el primer relevo de conductor y comenzaron los primeros sobresaltos  de Isabel y Carmen con el aprendizaje de Juan  en la conducción automática especialmente  cuando frenaba de forma brusca. Como el paisaje lo merecía por sus altas montañas Cecilio empezó la tarea  de hacer fotos en ruta, tarea que sería diaria.

Tras varios intentos fallidos, Cavalese, Ziano de Fienme… hicimos por fin una parada técnica en Predazzo para hacer la compra importante para nuestra estancia de varios días en un establecimiento de la cadena Poli. Bien cargados proseguimos  nuestro viaje pasando por  una serie de núcleos urbanos muy cercanos unos a otros, como Moena, Soraga,  Pozza di Fassa , Fontanazzo….¡Íbamos llegando al Val di Fassa!

Y comenzaron los primeros suspiros de felicidad y admiraciones exageradas,  con la belleza de los pueblos con casas de empinados tejado,  ventanas llenas de flores,  cada una de aspecto exterior diferente, bien por el material constructivo o por la pintura de las fachadas;  las torres de los campanarios rematados la mayoría de ellos con una protuberancia bulbosa de gusto centroeuropeo; y sobre todo las enormes cimas que con sus manchas de nieve rodeaban el cada vez más angosto valle labrado por el torrente Avisio. Llegamos a Canazei que nos resultó bellísima,  y continuamos hasta Alba y eran las diecinueve horas cuando, por fin llegamos a Penia a las siete menos diez, encontrando con bastante facilidad los apartamentos Princess Garní .

Nos instalamos, colocamos maletas y compra, hicimos los trámites, atendidos por una amable chica que hablaba algo de español y a pesar del cansancio nos fuimos a ver Canazei, pudiendo andar y apreciar verdaderamente la belleza del lugar. Vuelta al apartamento  y preparamos la cena, que como fue común todas las noches, sería nuestro pequeño homenaje tras la intensidad de cada día. Durante las cenas organizábamos el itinerario del día siguiente, que si bien lo llevábamos preparado previamente, nos dirigíamos hacia un lugar u otro en función de las previsiones  que nos facilitaba la aplicación Meteo.it. La actividad comenzaba a las siete y media con el desayuno en común y la salida del apartamento a las ocho y media.

El viernes diecisiete,  a la salida de Canazei vimos por la mañana las fascinantes vistas de las montañas que rodean esta  localidad, y entre otras el Col Rodella de 2485 m, que tanto le gustaba a Cecilio. Ascendimos por primera vez al Passo Pordoi. A Juan, que conducía, le tocaron los primeros tornantes, de los muchos que luego haríamos cada vez que subíamos o bajábamos de un puerto. Y además los tornantes  iban acompañados por una gran afluencia de ciclistas a los que había que ayudarles, dejándoles  espacio  para que no perdieran el ritmo; pero también por una gran cantidad de motoristas a los que había que esquivar, ya que estos se tomaban todo el espacio de la calzada. Pero Juan comprobó con gran regocijo lo cómodo y fácil que era conducir un coche automático, olvidándose del embrague y cambios de marcha, y  tan sólo  pisaba o  levantaba  el pie del acelerador para que el coche marchara.

Con alguna que otra parada para fotos llegamos al Pordoi y nos impresionamos por su configuración y las enormes cimas del Grupo del Sella, entre las que destaca el Sass Pordoi, que con sus más de tres mil metros  lo flanquean.  Parada y un breve paseo y sobre todo fotos. Comenzamos a descender desde el  Pordoi y nos adelantaron los primeros biplazas descapotables, de buenas marcas, conducidos por señores mayores, bien de pelo blanco o con gorra y acompañados de señoras, la mayoría jóvenes. Entre estos coches y las cilindradas de las motos, se nota el alto nivel económico de la zona.

Y en esta bajada del Paso comenzamos a divisar el sendero de la ruta que nos proponíamos hacer; encontramos un aparcamiento; nos cambiamos de calzado; cogimos lo imprescindible para una marcha y comenzamos el ascenso hacia Porta Vescovo.  El ascenso nos proporcionaba vistas cada vez más bellas del amplio valle que teníamos enfrente y también la dureza de unas empinadas rampas que por la altura se nos hacían más fatigosas. Nos encontramos con enormes manchas de nieve y con marmotas, que apenas se asustaban de nuestra presencia.  Alcanzamos  a 2347 mts el final del telesilla Seggiovia Carpaza y nos dispusimos a subir las dos últimas y empinadísimas rampas hasta llegar a los 2478 mts de Porta Vescovo  y ante nosotros la enorme cumbre de Marmolada con sus enormes glaciares, y muy al fondo el lago Fedaia,  y otros valles, y más cumbres… ¡Un maravilloso y bello espectáculo!.  Comenzamos la bajada y sobre las catorce horas estábamos en el coche, bien satisfechos por  la preciosidad de la ruta realizada.

 

Comimos en Arabba, en unas mesas instaladas en un paraje precioso y continuamos  por una carretera que pasando Digonera,  descendió haca el valle del torrente Cordevole. Más adelante la carretera cortada nos hizo retroceder hasta Andraz y de nuevo descender al mismo valle, ahora por Caprile, donde tomamos café, compramos pan y continuamos hasta llegar a Alleghe: Andamos por un tramo de la orilla del  hermosísimo lago, haciéndonos unas fotos de estudio.

Continuamos hasta Agordo, localidad algo más grande y desde aquí por una carretera con muchas curvas y en constante ascenso hasta  la Forcella de Asurine. Un autobús de línea nos asustó por la velocidad con la que circulaba por una carretera más propia para contemplación y el disfrute.  Un nuevo descenso  nos introdujo en un valle cerrado

Otro nuevo puerto el  Passo di Cereda y un nuevo descenso hasta que vimos el desvío hacia el Parque Natural Panevigio, por donde se accedia al Laghetto Welsperg. Un pequeño pero precioso lago en cuyas aguas se reflejan las altas cumbres de la Pale de San Martino,  montañas que lo rodean.

Pasamos  Tornadico y llegamos a Fiera de Primiero, donde dimos un paseo y coincidimos con una concentración de motos antiguas y moteros algo mayores.  Continuamos  a San Martino di Castrozza, de nuevo con  más curvas, bonitos paisajes, y preciosas casas ,  llegamos al Passo Rolle comenzando  a descender hasta Paneviggio , haciendo una parada en el lago di Forte Buso. Cecilio intentó poner el coche en marcha, pero no le respondía, ya que Juan llevaba la llave, se puso a caminar carretera adelante  y a cierta distancia de la llave,  el sistema de arranque del motor no responde. De  nuevo en marcha, llegamos a Predazzo  y desde aquí a Moena, Soraga, Pozza di Fassa, en definitiva la carretera que recorrimos el día anterior. Una parada en la gasolinera de Canazei, aprendiendo con errores y aciertos a repostar combustible mediante el pago con tarjeta en una máquina y por fin  llegamos a nuestro apartamento a las nueve. Cena y descanso.

El sábado dieciocho,  iniciamos la ruta siguiendo el itinerario del día anterior; así pasamos por Canazei, ascendimos de nuevo al Passo Pordoi con una parada a orillas de un lago que ya nos gustó el día anterior y cuyas ocas despistaron a Isabel mojándose la sudadera que llevaba. Coronamos el paso, hicimos su descenso y llegamos a Araba, en donde una carrera de bicicletas de montaña  nos acompañó hasta el Passo de Campolongo. Un nuevo paisaje se abrió ante nosotros con altas, verdes y nevadas montañas; parada, fotos y continuación hasta la bellísima ciudad de Corvara, que nos impresionó por sus casas y la gran cantidad de gente que había por sus calles y la multitud de ciclistas participantes una carrera que ascendía por las empinadas laderas de las montañas.

A partir de aquí, por un amplio valle pasamos por Badía, San Martín in Badía, hasta internarnos en un angosto desfiladero, que desde Longega  nos llevó hasta Montana. Tomamos el desvío hacia Santo Stéfano y llegamos a la base del funivía Plan de Corones. Nos equipamos, tomamos un café, y ascendimos en el funicular Kromplatz 2000, hasta la cima del Plan de Corones, una altísima y aislada montaña que se eleva sobre 2275 mts, y es una atalaya desde la que se divisa en círculo, el hermoso panorama de numerosas cumbres de los Dolomitas que la rodean.  La climatología nos impidió ver completamente este paisaje  tan espectacular.

Descendimos en el rápido y confortable funicular y de nuevo nos pusimos en marcha con dirección al lago Braies. Pasamos por Perca, Artiginale, Monguelfo, localidades asentadas en un amplio valle de suaves montañas. Un desvío  en la carretera, nos condujo hacia un nuevo valle, cuyo fondo lo cerraban unas enormes montañas. El paisaje nos recordó otro valle pirenaico, el de Gavernie. La carretera ascendía hasta llegar al aparcamiento del lago. Y comenzamos a disfrutar de una espléndida  imagen alpina: un enorme lago, con aguas de color esmeralda en las que se reflejan enormes picos de los Dolomitas, como Croda del Becco (2810 m), Monte Nero (2123 m), Picolo Apostolo ( 1711 m) y Sasso di Signore (2447 m). Hicimos una rápida comida y nos dispusimos a rodear el lago por el sendero bien marcado que lo circunda, A pesar de la lluvia que nos acompañó parte del camino, quedamos  contentísimos de un recorrido tan bello.

Y de nuevo al coche para volver a casa por el mismo camino que habíamos hecho a la ida hasta que al llegar a Corvara, una parada para hacer unas fotos de un amplio valle, nos animó a seguir por otra carretera que nos llevaría hasta Canazei  por otro recorrido. Y fue una acertada decisión.

La subida hacia Colfosco nos permitió ver las cumbres del grupo de Sella por otra cara distinta a la del Passo del Pordoi. Y la marcha se fue interrumpiendo por paradas para disfrutar de un paisaje  inolvidable, hasta que coronamos el Passo Gardena . Allí ascendimos tras el Refugio Frara  a un montículo desde el que se divisaba una panorámica increíble: las dos laderas del Passo Gardena al que se asciende por una carretera con numerosos tornantes; las enormes paredes de caliza dolomítica de las montañas del Grupo de Sella; la enorme mole del Sasso Lungo;  y otras muchas cimas más y además el verdor de los valles. Y por si faltaba poco la  tarde se había quedado espléndida, con un cielo  claro y un sol intenso, que cayendo hacia la línea del horizonte, originaba la enrosadira de la que ya habíamos leído y que se produce a ciertas horas, especialmente al amanecer y al atardecer  tomando los picos un color rojizo que cambia gradualmente a violeta. Nos sentimos felices de estar allí contemplando un espectáculo que nos sorprendió gratamente.

Continuamos nuestra ruta, bajando el puerto, rodeando el Sasso Lungo y llegando a otro paso,  el Passo Sella. Allí contemplamos otro espectáculo que nos sobrecogió: una nueva perspectiva, tanto del Grupo de Sella como del Sasso Lungo y sobre todo de la Marmolada precedida del Col Rodella. Abandonamos con escasa luz del día esta  afortunada atalaya y nos dirigimos bien contentos  hacia  el apartamento. Eran las nueve y media cuando comenzamos a preparar una suculenta cena que entre otras cosas contenía huevos fritos. Buen colofón para un día maravilloso.

El domingo diecinueve, teníamos como objetivo la ciudad de Trento y los Alpes de Brenta. Desde que salimos del apartamento nos encontramos una gran afluencia de ciclistas, que se hicieron más numerosos en Canazei, donde ya se organizaban, a juzgar por los preparativos que allí nos encontramos, para salir a disputar una carrera.

Recorrimos las localidades ya conocidas del Valle de Fassa: Campitello, Fontanazzo, Pozza di Fassa y Vigo di Fassa, donde nos desviamos  por una carretera que ascendería hasta el Passo de Costalunga, pasando por primera vez junto al Lago Carezza, que por la tarde veríamos. La carretera en descenso sigue el  encajado valle del Ega y llega hasta la autoestrada del Brennero siguiendo los valles del  Isarco y del Adigi.

Aparcamos el coche cerca de  la estación de trenes y planificamos la visita a la ciudad: Duomo, Castillo… Vimos la Iglesia de Santa María la Mayor  y tratamos de informarnos sobre el horario de misas. Ciertas confusiones, nos condujeron a la Estación de autobuses y recompusimos de nuevo la visita. Nos dirigimos a la Plaza del Duomo y por fin vimos algo interesante: El palacio Pretorio, las edificaciones con frescos en sus paredes, la fuente de Neptuno en el centro de la plaza y claro está la Catedral de San Vigiilo.

En el interior se estaba celebrando una misa de ordenación de nuevos sacerdotes, coincidiendo con la misa en honor de san Vigilio, patrón de la ciudad, cuyas fiestas comenzaban esa noche. Deambulamos por unas amplias calles flanqueadas por bellos edificios, cuyas paredes estaban pintadas con temática diferente y nos encaminamos hacia el enorme Castello del Buonconsiglio. Siguiendo hasta la plaza de Dante, con un hermosísimo monumento al poeta, llegamos a la abadía de San Lorenzo, iglesia románico-gótica, donde oímos misa. A la salida tomamos un refresco, recogimos el coche y nos pusimos de nuevo en camino.

Una carretera en subida por unas lomas muy bien cuidadas, cubiertas de viñedos y manzanos nos condujo hasta Molveno. A orillas de su inmenso lago comenzamos a comer de forma presurosa ya que amenazaba lluvia, como así fue. Nos refugiamos en una cafetería hasta que escampó y pudimos  dar un breve paseo hasta las orillas del lago.

De nuevo en ruta por una carretera algo estrecha, con curvas y el asfalto mojado, que suponían graves riesgos para la conducción, tal y como le ocurrió al motorista que vimos accidentado. Descendimos de forma vertiginosa hasta el río Sarca, que lo vadeamos por un elevadísimo puente del que hicimos bastantes fotografías.

La carretera continuaba a través del estrecho valle por unos semitúneles muy umbríos, que dejaban a la derecha, por unos angostos ventanales ver la rápida y caudalosa corriente  del Sarca. Con un paisaje algo más amplio llegamos a Pinzolo y desde aquí, siguiendo una estrechísima carretera llegamos a las bravísimas cataratas de Nardis.

Vuelta a la carretera con dirección a Madonna de Campiglio, desde donde vimos las enormes cimas del grupo de Brenta; flanqueamos el Passo de Campo Carlo Magno y descendimos por Cles al fértil y bien explotado Val de Non, recorrido por el torrente Noce hasta enlazar con la autoestrada del Brennero, en dirección a Bolzano. De nuevo ascendimos el valle del Ega hasta el Lago Carezza. Según la Guía  Tourig Club Italiano, El nombre deriva de las caricáceas, plantas con hojas lobuladas amplias que crecen en sus orillas. Los bosques de abetos y el macizo Latemar que lo rodean se reflejan en sus aguas cristalinas.  Hicimos fotos a pesar de un cielo algo cubierto.

Continuamos nuestro viaje hasta el apartamento, con una parada para repostar en la misma gasolinera de Canazei  ya que  conocíamos el proceso. Llegamos a las nueve y cuarto. Cena y planificación del día siguiente.

El lunes día veinte hicimos la misma ruta del día anterior hasta Bolzano. Una parada en el lago Carezza para hacer fotos con un cielo más azul y despejado; ahora era el agua la que estaba menos transparente. En Bolzano vimos la Catedral, de distintas influencias; alemana en la cubierta, veneciana en la portada, toscana en la amplitud de su nave central. Fue curiosa la organización del funeral que iba a comenzar. Paseamos por sus calles porticadas e hicimos una compra en una tienda del grupo Spar para reponer la despensa.

Y  continuamos por la carretera tan transitada que transcurre por el Val Venosta, valle bañado por el Río Adigi,  muy primorosamente cultivado y en el que de nuevo abundan la vid y los manzanos. Las poblaciones, como Rablá, Castelbello, Silandro….muy cercanas unas a otras, con lo que son frecuentes los semáforos y las rotondas, que hacen más lenta la circulación. Y de esta forma comenzaron a aparecer las indicaciones sobre el Passo dello Stelvio, unas nos indicaban a la distancia que estaba y otras de su estado, que era el de abierto.  En un desvío abandonamos la carretera que se dirige al Passo di Ressia, y nos adentramos en el Parque Natural dello Stelvio, un enorme prado cerrado por enormes cimas, Ortles, Monte Cristallo, Pizzo della Forcola…., que originan unos maravillosos paisajes, aún más bonitos por la luminosidad que tenía el día.

La carretera ascendía, primero en rampas rectas y con gran visibilidad, pero desde Trafoi, comenzaron los tornantes que nos acompañarían durante la hora que duró el ascenso. Y claro no podían faltar los ciclistas, las motos y menos mal, sólo algunos coches. Fue una subida emocionante por las dificultades, las vistas y la satisfacción de subir un paso de montaña tan renombrado. Y esa emoción se desató cuando llegamos a la cima, aparcamos el coche y nos dispusimos a disfrutar del magnífico espectáculo que contemplábamos. Las cimas cubiertas de nieve, las teníamos mucho más cerca; el valle por el que habíamos ascendido, lo contemplábamos desde los 2758 mts. a  los que nos encontrábamos, pisábamos nieve y nos movíamos entre una multitud de ciclistas y moteros.

Descendimos hasta Solda y a orillas de un pequeño lago, en un entorno bellísimo, comimos placida y tranquilamente y comentamos la experiencia del Stelvio.

De nuevo en marcha, nos encaminamos hacia Merano, ciudad que por la circunstancia de ser elegida por la nobleza austriaca como ciudad de veraneo y frecuentada por Sissi, reúne prestantes edificios y bellos paseos. Hicimos una completa visita a esta ciudad: calles con soportales, Catedral, teatro Puccini y caminata desde el puente Romano a  lo largo de las passegiattas existentes a orillas del torrente Passirio.

 

Desde Merano hacia el apartamento siguiendo el camino conocido de Bolzano, valle del Ega, Passo di Costalunga y Valle di Fassa. Llegamos sobre las nueve y como siempre cena, planificación del día siguiente y comentarios de la etapa.

El martes veintiuno, hicimos un nuevo itinerario desde Penia al Passo de Fedaia. Parada para fotografiar el lago y sobre todo la inmensa mole de la Marmolada; igualmente pudimos divisar Porta Vescovo, el lugar de llegada de nuestro primer sendero. Bajamos el puerto por una carretera  de pronunciada pendiente y tortuosos  tornantes hasta llegar a Rocca Pietore, desde donde comenzamos a ascender hasta coronar el Passo de Falzarego y de nuevo descender hasta el aparcamiento de Bai de Dones.

Nos equipamos, tomamos un café y ascendimos en un telesilla hasta el Refugio de Scoiatolli. El panorama que teníamos ante nuestros ojos era impresionante. Por su fisonomía y singularidad destacaban Las Cinque Torri, pero además las veíamos con una luz espléndida la enorme mole de La Tofana; las innumerables cimas de la zona de Cortina; los senderos que ascendían hacia otros refugios, Nuvolau, Fedare; y los profundos valles que se abrían entre tantas cimas. Nos dispusimos a realizar el sendero de las Cinque Torri, acercándonos a la base de algunas de ellas. Admiramos la valentía de los escaladores que ascendían a sus cimas  y nos introdujimos en las trincheras, puestos de mando y otras instalaciones, testigos actuales del frente Austro-italiano durante la Primera Guerra Mundial. Pensamos en el sufrimiento de aquellos combatientes en una zona,  que tendrá gran dificultad en los meses de frío. Para nosotros fue una  visita y caminata que aún recordamos de forma grata.

Descendimos en el telesilla recogimos el coche y nos dirigimos a Cortina d´Ampezzo,; dejamos las altas moles de los montes Cristallo, Piana y Cadini,  pasamos por los lagos Misurina y  Antorno; pagamos el peaje de acceso al Parque del Lavaredo y ascendimos hasta el aparcamiento del Refugio de Auronzo.

Comenzamos a caminar sobre las dos de la tarde por un cómodo sendero que transcurre por la falda de las Tres Cimas. Las cimas son tres enormes montañas, la Occidental, la Grande  y la Pequeña, que se elevan de forma vertical, como grandes rascacielos llegando a los casi tres mil metros.  Los desprendimientos de la caliza dan un aspecto blanquecino, que a Juan lo llegaron a confundir con nieve, cuando observaba la documentación gráfica en la preparación del viaje. Pasamos la Capilla de los Alpinistas (Capella di Alpini) y llegamos al Refugio del  Lavaredo donde comimos. Proseguimos hasta  la base de las tres cimas pudiendo disfrutar de unas inmensas panorámicas que nos sobrecogieron. Aprovechamos el lugar para hacernos fotos desde diferentes posiciones, siendo la más atrevida y graciosa la de Cecilio. Dejando este panorama

 

comenzamos a descender por una empinada senda hasta conectar con el más cómodo sendero que conduce hasta el Refugio de Auronzo. De nuevo las vistas y especialmente la profundidad del valle labrado por el Río Ansiei  formando el Lago de Santa Caterina, donde se asienta Auronzo di Cadore, nos sobrecogió.

Sobre las cinco y media nos pusimos en marcha. Una parada en el Lago Misurina y  la anodina visita a Cortina. Llegamos al apartamento algo más temprano, lo que nos permitió un cierto relax para beber las últimas cervezas que nos quedaban.

 

El miércoles veintidós,  nos dirigimos hacia Val Gardena, pasando por el Passo Sella. Una parada para recoger información en Santa Cristina y continuamos hasta Ortisei.  En las esféricas cabinas del cabinovía “Mont Sëuc”, ascendimos a un promontorio bajo el que se extendía una enorme meseta, llamada Alpes de Siusi,, cubierta de hierba y multitud de flores, cerrada por cadenas montañosas: Scillar, Catinaccio y el enorme grupo Sasso ( Lungo y Piatto). Descendimos por el sendero, disfrutando de esas maravillosas vistas y llagamos al final a esos inmensos  prados que eran una extensa alfombra multicolor.

Ascendimos en un telesilla hasta el Monte Sëuc  y tomamos un café en el enorme bar que había en la cumbre. Nos atendió un camarero que hablaba muy bien el español, jugaba al golf y nos dijo que en invierno venía a la Costa del Sol. Lo tratamos de convencer para que fuera a Chiclana, proporcionándole incluso,  el plan de vuelos hasta Sevilla.

Descendimos en la cabinovía y visitamos Ortisei. Nos sorprendió por su encanto esta ciudad. Buenos hoteles como el Adler o el Cavallino Bianco (pensando en volver con los demás Morugos); bonitas perspectivas desde sus calles y una hermosa Iglesia.

Proseguimos nuestro viaje de forma inversa, dirigiéndonos de nuevo hacia Santa Cristina, para desviarnos hacia Langental –Vallunga, un profundo y estrecho valle entre altas montañas. Comenzamos a andar entre numerosas vacas con las ubres muy hinchadas y que mugían con gran estruendo. Buscamos una buena sombra  y nos dispusimos a hacer la última comida campestre del viaje, acabando  con las lonchas de jamón que nos quedaban.

Volvimos e intentamos tomar un café en Santa Cristina, pero al no encontrar un bar abierto decidimos continuar nuestro camino que tenía como objetivo volver al Passo Gardena para despedirnos del viaje,  con esa maravillosa vista, que aún recordábamos, cuando pasamos por allí el día dieciocho. En la subida tuvimos que parar varias veces debido a que en los tornantes los autobuses no podían maniobrar al encontrarse con otros autobuses o coches. Al final llegamos al Passo; tomamos el café en el Refugio Frara y de nuevo ascendimos al promontorio para divisar con sosiego la inmensidad de los dos valles y las altas cumbres. Nos fotografiamos, descansamos, nos empapamos de paisaje y nos volvimos en dirección al Passo Sella, donde hicimos lo mismo.

En torno a las seis y media llegamos al apartamento. Hicimos las gestiones de comprobación y cotejo del apartamento y de la devolución de la fianza; preparamos las maletas  y nos fuimos a Canazei. Dimos un tranquilo y gran paseo por las calles que siempre veíamos desde el coche; visitamos la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús cuyos elementos constructivos y decorativos nos gustaron; vimos otras casas de fachadas pintadas con variopintos motivos; observamos nuevas perspectivas de la ciudad con la Marmolada al fondo,  y llegamos a una cascada de enormes dimensiones, que baja por las paredes del Col de Rodela.

Cenamos en la terraza de un bar con magníficas vistas y nos retiramos bien temprano para descansar.

El jueves veintitrés,  salimos a las siete del apartamento. Por última vez pasamos por Canazei, haciendo alguna maniobra indebida en una rotonda. Pasamos por las localidades consabidas del valle di Fassa; ascendimos al Passo de Costalunga, vimos el Lago Carezza y descendimos el valle del Ega hasta Bolzano. Gran atasco hasta entrar en la autoestrada y un tráfico muy intenso en la misma, especialmente de camiones con matrículas del este de Europa. Parada para tomar un café y continuación hasta Sirmione, donde llegamos a las diez y media.

A la entrada de la ciudad, en la puerta del castillo, nos encontramos con Franco Penitenti y su mujer. A Franco lo había conocido Cecilio en el Camino de Santiago, se habían hecho buenos amigos y después de cuatro años, dado que él vive en esta zona, era posible verlo.

 

Encuentro emotivo con abrazos, y mucha alegría. Dimos un breve paseo, tomamos un café y a las doce salimos de Sirmione con destino a Bérgamo. Repostamos para llenar el depósito y entregamos el coche a las una y cuarto. Traslado al aeropuerto y búsqueda de la consigna para dejar las maletas e irnos a conocer Bérgamo.

 

Cuando el taxista nos explicó las dificultades de los accesos a la zona histórica y el tiempo que nos podría llevar la visita, negociamos para que nos dejara y nos recogiera media hora más tarde.  De forma rápida visitamos la Plaza Vieja, la Basílica de Santa María la Mayor, la capilla Corleone y el Baptisterio. Demasiadas cosas para media hora.

El taxista nos recogió y nos llevó de nuevo al aeropuerto, facturamos, tomamos cervezas y bocadillos, aclarando las cuentas con la camarera. Pasamos la seguridad y esperamos el embarque amenizados por una chica que tocaba un piano de cola que estaba en esa zona. Con puntualidad total el vuelo salió a las cinco y cuarto. Puntualidad que nos permitió coger el autobús del aeropuerto y el tren para Jerez a las nueve menos cuarto.

En torno a las diez estábamos felizmente en casa.

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