Posteado por: Antonio | 26 noviembre 2016

Camino de Santiago: Pepe, Charo, Isabel y Cecilio. 24 de Septiembre – 2 de Octubre de 2016.

De camino al Camino.

Sábado 24.

Eran las 7:00 del sábado 24 de Septiembre de 2016, cuando salimos de Jerez cuatro morugos con la ilusión de hacer las seis primeras etapas del Camino de Santiago: Pepe, Charo, Isabel y Cecilio.

La emoción era compartida por todos, las dudas sobre la propia capacidad asaltaban más, sin duda al matrimonio Pérez/ Rufo, en el caso de Pepe por su maltrecho pie y en el caso de Charo por su inexperiencia en estas lides. Y he de confesar que yo también las albergaba por la ostensible cojera de Pepe y porque no veía a Charo acomodándose a los albergues.

En fin eso sería a partir del lunes, hoy tocaba viajar  y visitar algunos lugares que hicieran más llevadero el camino que nos llevara hasta el lejano Roncesvalles.

La animada charla y el escaso tráfico hicieron corto el trayecto hasta el “Leo”, cerca de Monesterio, donde desayunamos. Luego otro empujón hasta la proximidades de Aldeanueva del Camino y por fin otra etapa hasta Fuensaldaña, a donde llegamos cerca de mediodía. Admiramos su imponente castillo y encaminamos nuestros pasos hacia la Bodega La Sorbona, convertida en un reputado restaurante con el encanto de ocupar los pasadizos de una antigua bodega subterránea, al igual que otras próximas a ella destinadas al mismo fin. En este lugar, como en todos los que recomienda Adolfo, además de su encanto, se come estupendamente.

Repuestas las fuerzas volvemos al coche y ponemos rumbo al hotel Palacio de Congresos de Palencia, al que llegamos alrededor de las cuatro.

Sin perder tiempo, como es normal en Los Morugos, salimos hacia Ampudia, con intención de visitar su hermoso Castillo, pero nuestro gozo quedó frustrado porque en ese día la fiesta local lo mantenía cerrado. Así que nos contentamos con visitar su iglesia que posee una esbelta y espectacular torre que se divisa a gran distancia, cualquiera que sea la dirección desde la que llegues. Una hermosa y antigua calle porticada, animada por un variopinto mercadillo medieval, completa nuestra fugaz visita a esta interesante villa.

De regreso a Palencia, asistimos a misa en la Catedral, dedicada a San Antolín,  lo hacemos en previsión de que no encontremos misa en Logroño al día siguiente, y visitamos esta maravillosa desconocida y su interesante museo que alberga desde un curioso cuadro tridimensional del S.XVI, hasta hermosos relieves de retablos de Felipe Vigarny y un cuadro original del Greco que representa a un Crucificado.

A la salida paseo por la ciudad para admirar otro par de iglesias (S. Pedro, con misa, y la Virgen de la Calle, también con misa), tomar un refrigerio en la Plaza Mayor amenizados por grupos de baile con música rap, contemplar algunas bellas casas modernistas y ver los todoterrenos expuestos en los jardines cercanos al río, participantes de un rally que se celebraba por estas tierras. Por fin tapeo, visita al exterior de la hermosa iglesia de San Miguel y regreso al hotel.

(Nota: Pique sobre la palabra “MORE” inferior y podrá leer el resto de la crónica, no deje de hacerlo.)

 

Domingo 25.

A las 8:30 dejamos el hotel y nos dirigimos a Frómista, donde desayunamos a la espera de que abrieran la iglesia.

¿Es San Martín de Frómista la iglesia románica que cumple todos los cánones del arte románico? Posiblemente, pero es sin duda por encima de todo, la que te trasmite más sensación de armonía. Nada en ella es discordante, todo parece perfecto, hermoso, sencillo, recogido. No te cansas de admirarla, y la luz se refleja en sus desnudas piedras resaltando su hermosura, la rodeas una vez y quisieras rodearla otra y otra…

Dentro te sorprenden su altura, su luz ( tan escasa por lo general en este arte) y los hermosos capiteles. Descubres detalles y más detalles, te vas y la mente se resiste a abandonarla, un último vistazo, bueno otro…

A la salida de Frómista paramos junto al Canal de Castilla, en él la ingeniería y la hermosura se dan la mano, paseamos un poco junto a él y tomamos camino a Támara de Campos.

Desde la lejanía nos sorprende la silueta imponente de San Nicolás. Observamos su tejado al aire, sostenido por columnitas que lo separan de los muros, nos llama mucho la atención.

Una vez en el pueblo encontramos la iglesia cerrada, damos un paseo hasta la ermita próxima y la admiramos por fuera. Unos minutos más tarde acude  una persona andrógina que la abre, ya que la misa será media hora después, entramos y quedamos admirados por su  espectacular arquitectura. Unos arcos rebajados sobre unas columnas redondas sostienen un grandioso coro al que se accede por una bella escalera en espiral. Junto a él un hermoso órgano sobre un armonioso y esbelto púlpito, tres altas naves góticas y un maravilloso retablo barroco. Todo bellísimo, además de varios sobresalientes retablos y una pila bautismal renacentista ricamente decorada.

La persona que hemos definido como andrógina, y que resulta ser el párroco, nos recomienda que visitemos la iglesia de Santoyo y a fe que acertamos siguiendo su recomendación. La hermosa iglesia de San Juan Bautista con sus potentes contrafuertes y su torre cuadrada almenada, nos recibe con un bello pórtico renacentista por el que penetramos en ella. En el interior dos altísimas columnas redondas y otras dos estriadas, sostienen una bóveda de crucería con airosos arcos góticos que alcanzan su culmen en una cúpula central nervada de tal manera que permite que se abran al exterior numerosos ventanales vidriados. Estas nervaciones forman una exuberante palmera cuando se las observa como final de una de las columnas. Un hermosísimo retablo barroco y una pila bautismal visigótica forman parte de su rico patrimonio.

La monumental iglesia de Santa María la Real de Sasamón, puede admirarse en su conjunto exterior desde una gran plaza, así que poco hay que esperar para sorprenderse. Dos hermosas portadas laterales, una renacentista y otra gótica con un bello tímpano rodeado de tres arquivoltas ricamente decoradas y una columna parteluz con una Virgen con el Niño. El interior gótico con bóveda de crucería contiene hermosos retablos y un púlpito de Juan de Colonia. Destacan también la Sacristía y el amplio y bello claustro gótico.

¿Puede dar más de sí este “camino al Camino”? Pues va a ser que sí y ahí está el maravilloso Monasterio de las Huelgas para demostrarlo. Grandioso e imponente por fuera, bellísimo por dentro. Panteón de Reyes y lugar de recogimiento combina espectacularidad y sencillez, al recorrerlo uno piensa en la necesidad que tenían de asegurarse un sitio en el cielo,  para emplear tantos recursos en levantar tal lugar de oración para su descanso eterno.

¡ Y por fin ponemos rumbo a Logroño! Con ilusiones renovadas hacemos el trayecto desde Burgos y llegamos a la capital riojana en la que con la ayuda de “Meritxel” (nuestro eficaz navegador) localizamos nuestro hotel.  Nos instalamos y solucionamos los temas de logística pendientes: aparcamiento, billetes a Pamplona, envío de mochilas del último día…

El obligado paseo por el centro lleva nuestros pasos a la oscura catedral,  Santa María la Redonda, que sólo es posible admirar trozo a trozo según la vayas iluminando con monedas, luego San Pedro, la Antigua y Santiago, todo esto por si no habíamos tenido bastante.  Así que el tapeo en la calle Laurel nos sabe a gloria.

Mañana cambiaremos el chip, terminaremos las aproximaciones y comenzará nuestra deseada aventura.

 

Lunes 26.

Tras levantarnos a las 8h después de una reparadora noche en una inmensa cama, ropa apropiada para el camino, desayuno en el Hotel pequeña mochilita a la espalda y el resto de la impedimenta hemos de llevarla hasta el autobús que nos transportará a Pamplona.

Llegamos al fin a la Estación de Autobuses, donde una abigarrada multitud espera a los coches en un incesante ir y venir, trayendo y llevando viajeros por toda la geografía navarra. Distraídos con el ajetreo y bullicio, el coche de La Estellesa que ha de llevarnos a Pamplona, abre sus puertas minutos antes de las 10h. Mientras Cecilio y yo nos encargamos de acondicionar los equipajes, Charo e Isabel suben diligentemente y eligen unos asientos de platea en el piso superior del autobús. Vamos en primera fila disfrutando del paisaje que se nos muestra en toda su amplitud. Las extensas y onduladas llanuras amarillentas y resecas por la falta de lluvias, van quedando atrás y paulatinamente van apareciendo algunas manchas verdes de pinos piñoneros y árboles de ribera según nos acercamos a Pamplona, donde llegamos sobre las 12h a su magnífica estación subterránea, que nos admira por su amplitud y la calidad de sus servicios.

Hasta las 15h no sale el coche a Roncesvalles. Sacamos los billetes y mientras Cecilio e Isabel se quedan tomando un café y cuidando el equipaje, Charo y yo salimos a dar un paseo por la ciudad y hacer unas fotos.

Regresamos para que salgan nuestros compañeros, y cuando vuelven aprovechamos para comer antes de seguir viaje a nuestro destino.

Cambio total en el paisaje. El terreno es cada vez más accidentado y el verde de las numerosas viñas se complementa con la vegetación exuberante de colinas y ribazos. La carretera se hace cada vez más sinuosa en cuanto el coche sale de la autovía para dejar y recoger viajeros en los pueblos que vamos atravesando hasta llegar a Roncesvalles donde reservamos plaza en el Albergue y nos instalamos para la noche.

Aún es pronto, así que hacemos la subida al Puerto de Ibañeta, por una senda que serpentea entre un bosque de magníficas hayas. Llegados al Puerto disfrutamos de una magnífica panorámica con Francia al fondo. Unos ciclistas vascos descansan junto a los muros de una pequeña iglesia de original traza. Charlamos con ellos antes de que monten en sus bicis y regresen en dirección a Roncesvalles. También lo hacemos nosotros y emprendemos la bajada siguiendo el curso de un arroyo que nos deleita con el rumor de sus aguas.

Ya en el pueblo asistimos a una misa multilingüe en la magnífica iglesia de Santa María, mandada construir por Sancho VII, concelebrada por tres sacerdotes en numerosas lenguas en la que, entre otros asistentes, participa Cecilio con una lectura, por mor del dedo “designador” de Isabel. Fue una agradable ceremonia.

Ligera cena en el bar y a dormir, que nos espera un buen madrugón y la primera etapa hasta Zubiri.

 

Martes 27.

1ª ETAPA:  Roncesvalles – Zubiri     22 Km.

Después de una “sonora” noche, nos despiertan la música y las luces del albergue a las seis de la mañana. No hay excusa, nos levantamos y preparamos los bolsos para llevarlos al punto de recogida de Jacotrans, la imposibilidad de que Pepe y las damas carguen con mucho peso  por sus problemas de espalda, nos obliga a enviar la mayor parte del equipaje por este eficaz medio.

Luego tomamos unos cafés de la máquina y unas madalenas y ¡ya estamos dispuestos a comenzar nuestro Camino!

Radiantes como niños pequeños nos hacemos las primeras fotos en los indicadores de distancia a Santiago (790 km) y de principio del Camino. Y no importa que esté oscuro y que apenas se vea, el reguero humano es incesante. La triste luz de las pequeñas linternas iluminan los pasos de los caminantes, que rompen el silencio de la mañana con el crujir de las hojas.

No hace frío, aunque el termostato de Isabel indique lo contrario, el paso es muy vivo, en parte por el entusiasmo en parte porque es cuesta abajo, las luces de Burguete nos dejan admirar las enormes y preciosas casonas,  con portalones de madera gruesa enmarcados por enormes sillares que dibujan a la perfección el arco de medio punto. Las ventanas con contraventanas pintadas de colores vivos que destacan sobre la cal y los potentes sillares que las enmarcan. Algunas macetas contribuyen a adornar la fachada de cada casona y el conjunto de la villa nos atrae y admira; como diría un buen amigo nuestro “chorrean señorío”.

A la salida de Burguete una dura cuesta le hace pensar a Pepe que ese era el comienzo del primer puerto, y, cuando le digo que no cuenta, me responde jocoso:

  • Antonio Torres será convenientemente informado.

Si precioso nos pareció Burguete, ¡qué decir de Espinal!, aquí las casonas son bellísimas, y además la pintura de las ventanas y balcones las resaltan con sus vivos colores. La piedra da a estas edificaciones una fuerza especial, la limpieza y calidad de vida se advierten en todo el conjunto.

La dura cuesta nos saca de nuestras ensoñaciones, no es demasiado larga pero lo parece. Tramo a tramo abandonamos el valle y nos introducimos en un bosque de ensueño. Enormes y esbeltas hayas nos rodean y El Camino penetra en él rompiendo su silencio, cometiendo “el pecado” de violar su maravilloso entorno. Muchos peregrinos, prácticamente todos extranjeros, franceses en su mayoría, nos adelantan, mientras nosotros con nuestras fotos, tratamos de retener algo de la magia del lugar. Coronado el puerto de Mezquiritz el camino desciende por este mágico lugar, el paso se hace más alegre pero son tantas las paradas para admirar estos bellos rincones que todo el mundo nos adelanta.

Un grupo de japonesas, con algún chico entre ellas, nos pasa “corriendo” con enormes mochilones sobre sus espaldas. Nos saludan sonrientes mientras bajan a saltitos por la pronunciada bajada.

Una vez en Biscaurreta paramos a desayunar en Casa Juan, el mismo lugar donde desayuné allá por abril de 2012, ¡cuántos recuerdos me asaltan en estos días!, reponemos fuerzas y continuamos sin demora.

Después de Lintzoain una durísima rampa nos anuncia el inicio de la subida al puerto de Erro. Es más larga de lo que la recordaba, pero finalmente suaviza durante un buen trecho antes de coronar.

Una vez en el alto hacemos un pequeño rengue antes de afrontar la dura bajada. En ella vemos paradas a un par de japonesas o coreanas, no sabemos, masajeándose los pies. Un ratito después nos vuelven a pasar trotando.

A las 14:15 completamos nuestra primera etapa, el puente medieval de Zubiri nos contempla jubilosos, cansados pero gozosos dirigimos nuestros pasos hacia el albergue Suseia, tan nuevo que el camarero del bar en el que preguntamos no lo conoce, llegamos siguiendo las indicaciones de google maps ( esto ya no es lo que era). Nos recibe la hospitalera, somos sus primeros clientes, nos acomoda y siguiendo sus indicaciones nos dirigimos al restaurante Goutxori para comer (y he de reconocer que fue todo un acierto pues el menú estaba muy bien).

Por la tarde, después de un buen descanso, paseíto para ver el pequeño pueblecito y comprar los avíos de la cena. Disponemos del albergue para nosotros solos, así es que elegir acomodo no resulta difícil, disponemos de dos pisos, dos baños y la cocina, ¡como los reyes de Egipto, que diría Julio!

 

 Miércoles día 28.

2ª ETAPA:  Zubiri – Pamplona   20 km.

Nos levantamos sobre las 7h y tras el aseo dejamos preparada la bolsa para el transporte por Jacotrans y equipados con la pequeña mochila y el bastón, y aún con poca luz, emprendemos la marcha. Ya clareando nos sorprende un gran complejo que imaginamos una importante cementera, pero que en realidad es la factoría minera MAGNA, dedicada a la obtención de magnesio. Contrasta su gran extensión de movimiento de tierras, humeantes chimeneas, excavadoras y camiones de transporte, las balsas de decantación … contaminando un idílico paisaje de verdes praderas y hermosos árboles que cubren colinas y riberas.

En un gran cartelón a orillas de un sendero flanqueado por altas gramíneas que estrechan el camino se dice que la empresa minera MAGNA cumple rigurosamente los requisitos que exige Medio Ambiente. Será así, pero viendo el emporio, cuesta creerlo.

Cruzamos varios pueblos siguiendo la marcha por la ribera del río Arga, entre magníficos paisajes con casonas que sorprenden con sus fachadas y puertas blasonadas y llenas de flores que ponen un punto exquisito en la recia piedra de sus paredes.

Atrás van quedando Larrasoaña, Akerreta (donde pensábamos desayunar, pero no encontramos dónde) para hacerlo en Zuriaín en un bar atestado de peregrinos presidido por una escultura de hierro que representa a un cansado peregrino en ruta hacia Santiago.

Pequeño y trabajoso desvío para visitar la Ermita de San Esteban, amorosamente atendida por una agradable señora que nos explica las particularidades de la iglesia y su retablo, y nos permite subir por una angosta escalera de caracol al rústico campanario y tocar una campana de alegre tañido que se tiene por la más antigua de Navarra.

En Villaba admiramos y hacemos repetidas fotos de su puente medieval, y tras  atravesar Burlada, encontramos el puente de la Magdalena, con un magnífico crucero en cada parte. Un amable caminante nos hace fotos a los cuatro, y se interesa por nuestra procedencia, vida y milagros. Salvamos el Arga por el puente  e inmediatamente nos encontramos con los imponentes paños de la muralla de Pamplona, por una de cuyas puertas entramos en la ciudad para encontrar enseguida el Albergue. Nos sorprende la amabilidad de Iñaki y la originalidad de sus camas equipadas con WIFI, enchufes, luz armarito y cortinilla para facilitar la privacidad del peregrino.

Comida en el bar la Tortillería y descanso en el Albergue, Paseo por el casco antiguo. Visitamos la catedral donde nos sellan la credencial. Espectacular nave central con las estatuas sedentes de Carlos III el Noble y Leonor de Trastamara, sus magníficos retablos y su claustro.

En la Plaza Mayor, chocolate para las señoras y cervecita fresca para nosotros antes de regresar a nuestras modernas y eficientes literas.

 

 

Jueves 29.

3ª ETAPA: Pamplona – Puente la Reina   24 km.

Después de una noche corta de sueño, debido a varias horas de insomnio, nos levantamos de nuestros cómodos “nichos” a las 6:30 y desayunamos en el albergue, de forma que comenzamos la etapa a las 7:20.

Siguiendo las conchas de peregrino metálicas incrustadas en el suelo de las calles de Pamplona, atravesamos la ciudad de este a oeste. El intenso tráfico y los numerosos semáforos  retrasan nuestra marcha. A la salida de la población seguimos un andadero rojo que nos lleva hasta pasar Cizur Menor, luego el camino se adentra entre los campos y comienza una suave y prolongada subida, amenizada por un paseante que con su precioso e inquieto perro nos acompaña un buen rato, contándonos cosas de la etapa, del Pirineo navarro, de su perro y por fin de la bajada del Perdón que ya tiene un tramo arreglado…, ganas de charlar sí que tiene.

Luego, cuando  el ameno acompañante ya nos ha abandonado, la cuesta se empina bruscamente hasta llegar a Zariquiegui. Aquí hacemos un descanso, visitamos la iglesia y tomamos un café, nos viene bien la parada.

De nuevo en marcha el camino nos depara algunas duras rampas y de vez en cuando suaviza con pequeñas bajadas o descansillos, pero en conjunto lo hacemos bastante bien.

A 200 metros del alto hacemos un rengue aprovechando la comodidad que nos ofrecen una oportuna fuente y unos asientos. Nos pasan los coreanos y una vez en el Alto del Perdón nos hacen, solícitos, varias fotos.

El primer tramo de bajada está arreglado, en efecto, pero nuestro gozo dura poco, enseguida la infernal bajada se convierte en un continuo sortear guijarros sueltos y piedras, que se levantan como puntas de cuchillos que se clavan en las plantas de los pies. Largo y duro descenso que todo el mundo recuerda como uno de los hitos del Camino: ¡La bajada del Perdón!

El calor aprieta, el paso ha sido lento durante largo rato y vamos con bastante retraso, no obstante decidimos no parar en Uterga para hacer la última parada más cerca del destino.

En Muruzábal un cartel invita a desviarse hacia Eunate, pero Pepe y Charo ( que no lo conocen) declinan la propuesta para mejor ocasión, sus doloridos pies y el calor nos aconsejan hacerlo así.

Por fin, en Óbanos, paramos a comer, ya estamos muy cansados y Charo no puede más. Llenamos el buche, así podemos describir la ingesta de hoy, descansamos los pies y aprovechamos para felicitar a los Rafaeles.

Ya algo más descansados y con el estómago lleno, admiramos el bello conjunto que forman el arco gótico y la elegante iglesia con su altiva torre.  Óbanos bien merece un agradable recuerdo por esta magnífica estampa.

Sigue apretando el calor y cuando por fin llegamos a Puente la Reina ya eran las 16:15, así que agradecimos la frescura de la Iglesia de la Cruz, a la que entramos para admirar el impresionante Crucificado con su cruz en Y. Una magnífica talla de gran tamaño que destaca, bien iluminada, entre la penumbra de la desnuda iglesia.

Luego llegamos al albergue Amalur, Charo cambia la cara, no parece gustarle. Tiene dos pisos y en el de arriba hay un grupo grande de literas, el baño y las duchas; en el de abajo un saloncito con mesas, varias literas y una terraza. Nos quedamos en este piso y estamos solos, Charo se va haciendo a la idea, la verdad es que está limpio y nadie nos va a incomodar. Para mí que a este paso Charo se va a ir del Camino sin saber de verdad lo que es un albergue común y corriente, mejor para ella.

Por la tarde damos un paseo hasta el hermoso Puente y hacemos algunas compritas , en especial fruta, para la cena.

 

 Viernes 30.

4ª ETAPA:  Puente la Reina – Estella    22 km.

A las 7h tras las operaciones de rigor, estamos en camino. Aún con poca luz enfilamos la calle mayor y Cruzamos el impresionante puente medieval que nos despide de la ciudad. Seguimos por la orilla del río durante un corto trecho hasta llegar al puerto del Mañeru. Prolongada y fuerte subida con un ancho camino, pero sembrado de piedrecillas sueltas que tan molestas resultan al peregrino. La subida se nos hace dura. El cuerpo aún no se ha hecho al ritmo del camino y las paradas para recobrar aliento se hacen necesarias. Atravesamos el pueblo de Mañeru sin detenernos. La bajada se hace fácil y no tardamos en avistar Cirauqui, encaramado en lo alto. Las viñas están verdes y cargadas de fruto. Un par de alegres y dicharacheras peregrinas nos hacen una foto posando entre las vides. Cirauqui nos recibe con una calle con muchísima pendiente que hemos de afrontar para ver su bonita pero cerrada iglesia. Urge desayunar, llevamos más de 7km andando y la necesidad nos obliga a bajar al llano donde está el único bar del pueblo. El camarero no puede ser más lento y su mujer, entre preparar las tostadas y atender a su hijo, llega a ser desesperante.

Debemos subir nuevamente hasta la parte superior del pueblo para seguir camino hasta Lorca, que disfruta de una hermosa iglesia barroca que también encontramos cerrada. No lo está por fortuna la abundante fuente en la que beber y refrescarnos antes de seguir camino a Villatuerta. Visita a la iglesia barroca de la Asunción, donde la señora que la guarda nos sirve amablemente de guía y entre otros comentarios nos dice que el patrón de la villa es san Veremundo. Cecilio, con su sorna maña, lo propone como patrón de los morugos, por eso de “ver-mundo”.

Al fin llegamos a Estella, tras 22km de camino. Cumplimentamos los trámites en el albergue y subimos a nuestro aposento. Tenemos una gran sala para nosotros cuatro, y es tal la fatiga que perdonamos la comida por el descanso.

Ya repuestos, un paseo y visita a la iglesia de san Pedro, encaramada en lo alto de un farallón, así que, en lugar de escaleras, utilizamos un ascensor que nos deja junto a un numeroso grupo de turistas en la puerta. La iglesia está admirablemente restaurada, el interior parece nuevo. Al lado, el Claustro, con una serie importante de esculturas y restos esparcidos por el jardín. A destacar la imponente silueta de un pinsapo que rivaliza en altura con la cúpula de la iglesia y que se ha aclimatado admirablemente tan lejos de su hábitat natural.

Una ligera colación y llega el momento del descanso.

 

Sábado 1.

5ª ETAPA: Estella – Sansol     28 km.

Relajados y bien dormidos, desayunamos en el albergue ya que prevemos no poder hacerlo, hasta bien entrada la mañana, si no lo hacemos aquí.

Salimos a las 7:20 y acompañados por el amable hospitalero cruzamos la campa para salir al Camino por un atajo. En la subida hacia Ayegui empieza a chispear, en Irache llueve, así que nos ponemos las capellinas. La fuente del vino ya funciona pero no nos apetece probarlo tan temprano, tampoco el  gesto de desagrado de los peregrinos que lo toman delante de nosotros nos invita a ello.

Adelantamos a un peregrino joven que sin embargo se mueve lentamente, con mucha dificultad, la subida se prolonga hasta Ázqueta, luego un ligero descansillo y para de llover.

De nuevo otra larga subida hasta Villamayor de Monjardin, el paso es bueno, el prolongado ascenso se nos hace duro por momentos. El Castillo, encaramado en una montaña cónica, preside toda la comarca, por fortuna no hay que llegar a él, eso nos consuela, el pueblo está bastante más abajo.

A la entrada nos recibe una fuente medieval en la que todos nos paramos, la fuente, el castillo y la airosa torre de la iglesia, invitan a hacer numerosas fotos.  Visitamos la iglesia y paramos a descansar un poco.

La bajada de Monjardin deja a nuestras espaldas una bella estampa con las viñas, el pueblo y el castillo que lo preside. De nuevo adelantamos al señor lento que sigue a su marcha, le saludamos e intercambiamos unas palabras con él.

No pensábamos poder refrescarnos en los más de doce kilómetros hasta Los Arcos, pero a mitad de camino nos encontramos con un chiringuito estratégicamente montado, así que aprovechamos para hacer un pequeño rengue.

De nuevo en marcha, volvemos a adelantar al señor que va tan lento, pero que no deja de asombrarnos con su constancia. Charlamos con él, es de Cantabria y nos deja de una pieza al decirnos que lleva nueve stern. Aun así quiere hacer el Camino completo y más adelante hacer el de La Plata ¡asombroso!

Se hace duro llegar a Los Arcos, no lo vemos hasta que estamos en él, han sido muchos kilómetros sin ver otra cosa que viñas y monte bajo. Ya estamos en el pueblo del Morugo, su calle mayor está llena de escudos heráldicos y de viejos edificios de buen porte que sin duda vivieron tiempos mejores.

Por fin llegamos a su importante iglesia de Santa María. Accedemos a su interior por una bella portada renacentista. Dentro el barroco es tan exuberante que nuestros ojos no saben dónde mirar, un recargadísimo altar mayor preside la enorme nave central, los techos y la cúpula ricamente decorados, los púlpitos, los retablos laterales tan recargados como el resto, una borrachera de curvas, figuras y dorados. Cuando sales de allí sabes que has visto algo grandioso pero es muy difícil retener algo en detalle.

Un hermoso claustro presidido por la airosa torre de la iglesia, pone algo de paz al sobresaltado espíritu.

A la salida comemos en una terraza de la plaza, descansamos nuestros maltrechos pies y reponemos nuestras magras fuerzas.

Afrontamos los últimos seis kilómetros y medio después de comer, y lo hacemos por la cuneta de la carretera para evitar la innecesaria vuelta que que da El Camino hasta llegar a Sansol.

Aun así el fuerte calor, el asfalto  y la lejanía de una población que ves en el horizonte durante mucho tiempo hacen insoportable este último tramo. Charo dice que sus pies no aguantan más, pero no queda más remedio.

Por fin llegamos a nuestro destino a las 16:30. Las uñas de los pulgares de los pies de Charo tienen mala pinta, aunque es dura y pronto se repone.

Después de descansar subimos a la iglesia, que parece va a desplomarse en cualquier momento debido a las enormes grietas que presenta, y desde allí contemplamos una bella estampa de Torres del Río y su hermosa iglesia románica,  apenas dista un kilómetro de Sansol.

De vuelta al albergue,  Charo entabla conversación con unos parroquianos que le hablan de la bondad de los famosos pimientos del lugar y se ofrecen a ponerla en contacto con el dueño de la fábrica de pimientos, asegurándole que según sea el pedido no le van a cobrar los portes. Charo entra en el bar y convence a Isabel para que salga a hablar con ellos.

Al momento Isabel vuelve presurosa, diciendo que el tío les ha dicho que la fábrica está a media hora andando y que se ha ofrecido a llevarlas en su coche, que son cinco minutos. Asustada por la “tajá” del individuo nos dice:

  • “Yo no me monto ni loca con ese tío”

Rápidamente Pepe se levanta y sale disparado como impulsado por un resorte, temiendo que Charo haga una locura.

Por fin las aguas se calman y esperamos que se haga la hora de la cena. Mientras cenamos aparece en la barra del bar el que parece ser el dueño de la fábrica. Charo no puede resistirse,  y ” vuelta la burra al trigo” que dice Pepe. Después de un buen rato de palique ( yo ya veía a Pepe cargando los bolsos con latas de pimientos), llegamos al punto que todos sabíamos ( incluida Charo) que todo iba a quedar en agua de borrajas, por la imposiblidad de transportar nada.

En fin una tarde distraída que nos hizo olvidar el palizón que llevábamos encima.

 

 Domingo 2.

6ª ETAPA:  Sansol – Logroño   21,5 km.

El albergue de Sansol es rústico, da la impresión de haber sido una casa de labranza, pero limpio y bien acondicionado. Desayunamos antes de partir, cosa que hacemos a las 7´30h. A unos 900 m, Torres del río, con una interesante iglesia octogonal que apenas podemos vislumbrar, apenas clarea. Una corta bajada y atravesamos un arroyo por un puente de piedra en muy mal estado y comienza una larga y fatigosa subida en la que adelantamos y somos adelantados en varias ocasiones por una joven pareja. A él lo designamos “el Oloroso”. Su aroma le precedía en cada encuentro.

Aprovechando el descanso tras terminar la cuesta, Cecilio hace unas preciosas fotos a la salida del sol, de esas que cuando las ven los Morugos o Senderos morugos comentan eso de, bonitas fotos, qué bien lo lleváis.

Dejamos atrás la ermita del Poyo y nos internamos en un campo llano, plantado de viñedos llenos de lujuriosos racimos de uvas. Tanto es así que un paisano ha colocado carteles de “no coger uvas” en varios idiomas. La sed y la fatiga… que diría el poeta.

Avistamos Viana en la distancia. Descanso y a reponer fuerzas junto a la iglesia cerrada una vez más. Por fortuna tras el rengue la abren para un bautizo y aprovechamos para visitarla tras cumplir la tradición de pisar la losa de la tumba de César Borgia. Aparte de admirar el magnífico interior de la iglesia y sellar las credenciales, no podemos menos que sonreír al notar una cierta semejanza entre el sacerdote oficiante del bautizo y nuestro admirado amigo Caro. ¡Quién lo diría! Otra impresionante iglesia, pero en ruinas. Los desastres de la guerra y abandonamos Viana rumbo a Logroño. Largo y tedioso camino, vides y más vides hasta llegar al fin al límite de la Comunidad Navarra, donde un numeroso grupo de caminantes se fotografían eufóricos. También lo hacemos nosotros hasta que tras un par de km llegamos al Ebro y al sellar las credenciales, Cecilio se alegra mucho al reconocer a un hospitalero de Tosantos, con el que había coincidido anteriormente y con el que estuvo charlando un buen rato. Cruzamos el río por un robusto puente de piedra. Fotos. ¡Hemos llegado a Logroño!.

Nuevamente visitamos la Catedral aprovechando el final de misa de una. Comida de raciones y llegada al Hotel las Gaunas. Recogemos el equipaje que ha dejado allí Jacotrans tras preguntar a la adusta recepcionista y tras acomodarlo en el coche partimos en dirección a Burgos y Valladolid. Café cerca de Ávila y ya en la ciudad “Meritxel” nos lleva al Hotel Fontecruz.

Ducha reparadora y cambio de ropa. Ya no somos peregrinos. Misa en la Santa a las 8´30, corto paseo por el centro de Ávila, tapeo y vuelta a nuestra maravillosa habitación del hotel. Lujo asiático.

Mañana hemos de madrugar. Pasaremos por Villanueva, saludaremos a los Canta, alguna compra visita a la huerta y a Jerez Reconociendo el buen hacer de Cecilio en el viaje y en los 140 km del Camino y plenamente satisfechos de nuestro recompensado esfuerzo.

 

 

 

 

 

 

 

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